
LA COMPASION. GRAN APERTURA DEL CORAZON
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Cada vez que salimos a la calle nos encontramos
con diferentes realidades, algunas gratas y otras terribles,
el permanente ping-pong vital de todos los días.
Actualmente podemos decir que estas últimas
superan en grado sumo a las que podemos considerar agradables.
Pero la pregunta es ¿qué nos pasa?, ¿qué
sentimos?, ¿cuáles son las sensaciones, los sentimientos
o qué pensamientos cruzan por nuestra mente cuando se nos
presentan estas situaciones diarias?.
Por ejemplo: ver un niño de la calle que
se acerca a pedirnos una moneda; una madre con un bebe en
la puerta de una iglesia; ancianos durmiendo debajo de algún
puente; o cuando miramos televisión que nos muestra la violencia,
el hambre en el mundo, las guerras, es decir, esa tan actualizada
injusticia de la desigualdad en que un grupo minoritario
mantiene oprimido al resto haciendo y deshaciendo no solo
con el hombre sino destruyendo el planeta, sin ningún cargo
de conciencia. |
La manera de defendernos de estas agresiones
es ponernos la coraza de la indiferencia, porque es tanto lo que
nos dolería que para protegernos tomamos toda esta realidad como
parte del paisaje. Pero, siempre aparece algo que nos moviliza
y entonces debemos preguntarnos sobre lo que sentimos ¿es lástima
o compasión?.
La diferencia radica que cuando sentimos compasión
se nos abre el corazón y nos colocamos en la piel del que está
sufriendo como si su experiencia pasase a ser nuestra propia
experiencia. Hubo una gran mujer que sabia lo que era ser compasiva,
la MADRE TERESA DE CALCUTA; ella decía “reconocer a JESUS en cada
ser”.
Ponernos del otro lado no es fácil; entender
el frío, cuando en realidad vivimos en una casa confortable y
calefaccionada; entender el hambre, cuando en realidad tenemos
alimento suficiente; entender el dolor de una madre al no poder
amamantar a su bebe por tener los pechos secos, cuando en realidad
disfrutamos de hijos satisfechos; entender el dolor extremo de
una enfermedad terminal, cuando gozamos de una perfecta salud;
cómo saber qué sienten los padres ante la muerte de un hijo, quienes
no tenemos hijos y así una lista interminable para quienes la
vida ha sido generosa. Por eso se dice que solamente se comprende
el dolor en toda su magnitud cuando se ha pasado por alguna experiencia
semejante.
Pero una manera de agradecer por todo lo
que nos ha sido dado es tratar de “sentir” el sufrimiento
del otro para poder ayudar; no cambiaremos el mundo pero
colaboraremos tratando de llevar algo de esperanza a tanta
desolación y dolor ¿podremos lograrlo?; para ello, tenemos
que estar continuamente atentos, es un ejercicio constante
de todos los días y todos los minutos porque vivimos inmersos
en una sociedad que nos distrae continuamente y es muy fácil
entrar en su juego de superficialidades.
Todos de alguna manera somos pequeños seres
egoístas en un mundo materialista que nos acostumbró a que
si “en casa todo está bien, el mundo está bien”; nos hemos
convertido así en seres insensibles, pareciendo que nada
nos puede conmover; entonces la pregunta es: ¿qué nos está
pasando?.
Cuando vemos un niño pidiendo, sabemos
que detrás de él hay tal vez una organización que comanda
cantidad de ellos para sus propios fines y que la moneda
que uno pueda darle, no va a cumplir la función de alimentarlo;
esto es una realidad y creo que es bueno que lo sepamos,
para buscar la manera más positiva de ayudarlo, sin caer
en la más cómoda que es acallar nuestra conciencia con unos
centavos sintiéndonos satisfechos porque hemos hecho la
buena obra del día. |
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Creo que detrás de cada necesidad hay un mundo
totalmente diferente del que se nos muestra y no busquemos nunca
la manera más fácil porque eso jamás funciona.
Lo mágico de todo esto, cuando uno le tiende
la mano a alguien desde el corazón, simplemente porque quiere
hacerlo sin esperar nada a cambio, hay siempre una retribución,
pero el premio no tiene que ver con este mundo, tiene que ver
con el AMOR, poder manifestarse en el Otro; ese Otro que en definitiva
es igual a mi, porque ambos somos hijos de DIOS y al unirme a
mi semejante estoy en comunión con el Creador. No hay dinero ni
poder en el mundo que pueda comprar esto. ¿No te parece?
Adriana Ferreyra
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