LA ISLA DE PASCUA

Ella se encuentra a los 27º 11' Sur y 109º 08' Oeste, en pleno trópico de Capricornio, forma el vértice oriental del llamado "triángulo polinésico". La isla tiene, aproximadamente, 180 kilómetros cuadrados y su forma es triangular, muy parecida a Sicilia pero a escala reducida, siendo los lados de este triángulo de 24, 18 y 16 respectivamente. Su distancia a la costa chilena frente al puerto de Caldera, en la provincia de Atacama, es de 3.760 kilómetros. Su monte más alto es el Maunga Terevaka, con 593 metros.

por C.E.I.A.

(Centro de Estudios
de la Identidad Aborigen)

El 1º de marzo de 1966, Chile creó por ley, el Departamento de Isla de Pascua, que comprende además la isla de Sala y Gómez. Su capital es Hanga-Roa, que es el único poblado de la isla.

Sus construcciones son casitas, de una sola planta, separadas entre sí por grandes extensiones de terreno que en unas es un hermoso jardín lleno de flores y plantas, en otra mitad jardín y mitad huerto con plantaciones de taro y plátanos y en otras el terreno está vacío. Las calles son amplias pero sin asfaltar, bordeadas de árboles, arbustos, plátanos y bambúes.

Hanga-Roa cuenta con un Hospital, varios hoteles y pensiones. En la isla hay electricidad, teléfono, agua corriente y potable, pero ligeramente salobre y se cocina con gas butano.

El clima es bastante regular, el mes más cálido es febrero y el más frío es julio.

Entraremos ahora brevemente en la historia moderna pascuense antes de poder adentrarnos en su fabuloso pasado.

Aunque el filibustero Davis hubiese señalado, en 1686, una tierra en esta latitud, sólo en 16 de julio de 1722 cuando Roggeween, al mando de una flota de tres navíos, descubrió esta isla que bautizó "de Pascua" en homenaje al día santo que precedió el de su descubrimiento.

Los isleños llamaban entonces a su isla Te Pito Te Henua (El Ombligo del Mundo) y parece que un nombre más antiguo aún fuera el de Mata Kiterani (Los Ojos que Miran a las Estrellas, quizás por las 50 bocas de sus volcanes apagados, que miran el cielo). El nombre de "Rapa Nui" y que significa "Isla Grande", es relativamente moderno y de origen tahitiano.

Los holandeses al mando de Roggeween, observaron que los isleños, iban completamente desnudos, y con el cuerpo pintarrajeado y cubierto de tatuajes. Los hombres mostraban el lóbulo de las orejas muy alargado mediante un peso, que les colgaba sobre los hombros. Muchos llevaban el cabello recogido en un moño o pukao. Este mismo nombre se da a los "sombreros" de lava rojiza que antes coronaban a las estatuas gigantes o "moai", y que hoy aparecen esparcidos por el suelo. Esto, añadido al hecho de que muchos de los isleños eran pelirrojos, de ojos azules y correctas facciones europeas.

En 1770, el virrey del Perú, don Manuel Amat y de Junyet, temiendo el establecimiento de los franceses, que también se habían acercado unos años antes, o de ingleses, envió un navío de guerra, el San Lorenzo, al mando del capitán don Felipe González de Haedo. Éste levantó tres cruces en los cerros del Poike que hoy se llaman precisamente "Las Tres Cruces" y que los indígenas conocían con el nombre de Maunga Teatea (Cerro blanco). Las tres cruces plantadas se mantuvieron en pie exactamente 24 horas: al día siguiente los nativos las habían derribado. González de Haedo la bautizó a la isla con el nombre de San Carlos e hizo que Agüera trazara el primer mapa de ella.


Aspecto de la choza de un jefe de tribu

Según el relato en 1872, del francés Pierre Loti, las viviendas de los nativos eran grandes chozas o cabañas en forma de canoa invertida. Estas viviendas carecían de ventanas, pero en cambio tenían dos puertas muy bajas, de unos 60 centímetros, de manera que para entrar o salir había que hacerlo agachado. La capacidad de estas cabañas, era a veces de hasta 200 personas. Los pascuenses no conocían los muebles, colocaban en la entrada principal unas estatuillas de piedra volcánica y en el interior colgaban desde figuras de madera adornados y vestidos con un basto tejido de esparto, lanzas con punta de obsidiana, pagayas o remos con forma humana, tocados fabricados con plumas, hasta fetiches y adornos para la danza o el combate, todo el material para la pesca. Dormían sobre esteras y usaban taparrabos. No conocían la cerámica y para tomar sus alimentos se valían de conchas marinas, pero tenían cestos de junco trenzado y se hacían agujas y punzones de hueso humano, lo mismo que las cucharas y cuchillos; con plumas negras de gallo se confeccionaban diademas y espanta moscas.

Junto a las grandes chozas solía haber hare-moa (casa de gallinas), destinadas, precisamente a albergar a estos animales y que se construían con piedras volcánicas. Otro tipo de construcción era el de las casas subterráneas o "ana-kionga", de 3 a 12 metros de diámetro y de 1 a 2 de profundidad, en los que las plantas podían tener la humedad necesaria y estar protegidas contra la violencia de los vientos.

Ahora vayamos a la Historia Antigua de la isla de Pascua y nos dice que:

"En dos piraguas, el rey Hotu-Matua vino a la isla de Pascua. Desembarcó en Hanga-Roa, pero dio a esta bahía el nombre de Anakena porque era el mes de julio.

El país del rey Hotu-Matua se llamaba Maorí en el continente de Hiva. El lugar donde vivía se llamaba Marae-Rena...El rey vio que la tierra se hundía lentamente en el mar, entonces reunió a su gente y los repartió en dos grandes piraguas. El rey vio que el cataclismo se acercaba y, cuando sus dos embarcaciones alcanzaron el horizonte, se percató de que la tierra había desaparecido completamente, excepto una pequeña parte llamada Maorí".

Otra leyenda dice: "La tierra de la isla de Pascua era una tierra mucho más vasta, pero a causa de las faltas cometidas por sus habitantes, Uoke la hizo bascular y la quebró con una palanca..."

Toda la leyenda de la isla parece dividida en dos razas, antes de Hotu-Matua, los Hanau Momoko y los Hanau Eepe, que han sido llamados "los hombres de orejas cortas y orejas largas", aunque la interpretación más correcta parece ser "hombres débiles y hombres fuertes".

El cronista de Roggeween escribe: "Algunos tenían las orejas que les pendían hasta los hombros, y había quien llevaba en ellas dos bolas blancas como señal de gran ornato".

Las leyendas siguen: "Los primeros habitantes de la isla son supervivientes de la primera raza del mundo. De color amarillo, muy altos, de brazos largos, tórax poderoso, enormes orejas pero sin lóbulo relajado, pelo rubio puro, cuerpo lampiño y brillante. No conocían el fuego. Esa raza existía antaño en otras dos islas de la Polinesia. Vinieron en barco de una tierra situada detrás de América. Pese a las rivalidades entre las razas, se casaban frecuentemente con mujeres de la otra tribu, lo cual creaba nuevas alianzas. Nadie podía acercarse al rey ni hablarle sin haber pedido previamente una audiencia a su servidor llamado Tu'ura. Nadie podía tocarle, y los objetos que el rey poseía eran sagrados, sobre todo, su cabeza era sagrada. Lucía una abundante cabellera y nadie podía cortarle el pelo. El carácter sagrado de la cabeza, y particularmente el pelo, considerado como receptor y emisor de fuerza".

Ellos creían en el "Mana", nombre polinesio que expresaba fuerza y poder concentrados, que algunos individuos poseen y pueden utilizar y que también atribuyen al traslado de los moais.

Aún pueden verse, en ese pedazo de tierra, quinientos gigantes que hablan de una civilización fabulosa, de fascinantes secretos.

 

BIBLIOGRAFÍA:

"Fantástica isla de Pascua", de Francis Maziére.

"Operación Rapa-Nui", de Antonio Ribera.     

Si querés contactar a C.E.I.A: info@identidadaborigen.com.ar

 

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