EN FILIPINAS: LA LOGURGIA -
CURACION Y CIRUGIA POR MEDIO DE LA MENTE
- Parte I

por Dr. Hans Naegeli Osjord (Suiza)

El doctor Hans Naegeli Osjord es médico psiquiatra, discípulo de C. G. Jung. Viajó varias veces a Filipinas y dedicó numerosos estudios al fenómeno de la "logurgia". Lo conocimos en Barcelona, en el Primer Congreso Europeo de Parapsicología, en el año 1977; posteriormente en otros congresos internacionales.

La cirugía y la curación por medio de la mente, tal como la vamos a describir en estas líneas, tienen muy pocos puntos en común con la cirugía y la medicina tal como hoy en día se practican entre nosotros. Incluso el más experimentado cirujano de Occidente apenas podría, basado en sus conocimientos y experiencias, formarse un juicio - podríamos decir que ni siquiera debería permitirse a sí mismo formular un juicio. Los fenómenos que se van a describir descansan sobre un fondo de vivencias completamente distinto y corresponden a un plano de realidad de naturaleza mágica y constan de aspectos que parecen estar en oposición, si se los considera superficialmente, con el mundo físico.

El pensamiento de tipo filosófico natural - Paracelso, Kepler y Goethe lo cultivaban - y la experiencia de las realidades de carácter mágico son algo extraño a nuestra generación; resulta muy difícil convencer a estas realidades aun a los más inteligentes. El pensamiento acerca del mundo es siempre, además, un pensamiento emocional y posee una serie de características afectivas determinadas por la época, aunque sean muy pocos los individuos conscientes de ello.

Las emociones son más duraderas que los conocimientos lógicos y necesitan para transformarse otros impulsos emocionales de signo contrario. Si lo que vamos a exponer a continuación consigue suscitar en el lector una impresión emocional también, habremos hecho algo en pro del perfeccionamiento y la ampliación de su método de pensar.

Vamos a describir una de esas operaciones por medio de la mente, que tiene poco que ver con una operación quirúrgica. El término griego "chirurgos" significa propiamente "artesano". Los que curan empleando la mente se deben, ante todo, al "logos", al espíritu, de tal manera que a esta clase de operaciones podríamos llamarlas "logúrgicas".

Hasta el lugar en que se realizan las operaciones logúrgicas es completamente distinto. Muy pocas tienen lugar en casas particulares y menos aún en los hospitales. El lugar consagrado es la capilla; la cabeza no reposa sobre paños esterilizados sino sobre una Biblia usada; del techo cuelga un estandarte de la Asociación Espiritual Cristiana de Filipinas. El estandarte parece reactivar las fuerzas mágico-espirituales del curandero cuando es tocado por éste. La mayoría de las veces las curaciones van precedidas por ceremonias, que duran horas, a base de cantos religiosos, súplicas y oraciones. A continuación se realizan las operaciones, siguiendo el orden establecido. Rara vez suelen durar más de cinco minutos. La asepsia y la anestesia son innecesarias. Se puede comprobar la ausencia de hipnosis, pues el paciente puede - si lo desea - verse a sí mismo mediante un espejo, ver cómo es operado y hablar con los que le rodean. El operador coloca sus manos desnudas sobre la zona a operar y penetra con ellas a través de las capas exteriores del cuerpo instantáneamente, a menudo con movimientos de fricción característicos. Sólo algunas veces es ungido el lugar de la epidermis que va a ser operado.


Por lo general, pese a las "incisiones", la operación transcurre sin dolor.

Tampoco es necesario utilizar siempre un trozo de algodón, que es empapado en agua. Si ese algodón está muy empapado, brota una sangre de color rojo brillante, poco densa; en los otros casos es una sangre de color normal, que muestra algunos coágulos.
Por lo general - aunque no siempre - la operación transcurre sin dolores. Después, si hay que extraer del interior del cuerpo algún órgano determinado, pueden producirse dolores. Tras la extirpación de órganos, partes de tejidos, coágulos de sangre o incluso otros objetos que a nosotros nos resultan muy extraños, se retiran las manos y ¡en el cuerpo no queda ninguna cicatriz!.

Mencionemos muy brevemente las inyecciones espirituales, que se ponen con el gesto, sin utilizar jeringuilla ni aguja, pero que a pesar de ello causan la sensación de un pinchazo y que con frecuencia, inmediatamente después, sangran de verdad. Aunque no demos crédito a nuestros ojos y oídos, este fenómeno es una realidad que puede repetirse con frecuencia, a voluntad.

Desde que en marzo de 1971 tuve una ponencia en el II Congreso Internacional de Parapsicología, celebrado en Campione (Italia), sobre los cirujanos de la mente de Filipinas, y presenté un filme sobre el tema, como información complementaria, ha crecido el interés en Europa por este fenómeno, que casi me atrevería a llamarlo como el fenómeno de la época. Ya en 1965 presentaron informes sobre el tema Harold Sherman, de Estados Unidos, y el doctor Hiroshi Motoyama, del Japón. En 1966, en la revista de parapsicología "Andern Welt", que hoy se denomina "Esotera", publicó Hans Geisler  un informe muy notable. Pero la investigación parapsicológica oficial de Europa y América no se interesaba por el tema. Los parapsicólogos instalados en las universidades han adoptado, en mi opinión, una línea de investigación muy unilateral, que sólo tiene en cuenta el pensamiento causal determinista. Se ha desarrollado una "parapsicología de escuela", análoga a la "medicina de escuela" que - igual que ésta - , satisfecha por sus éxitos visibles y brillantes, se han convencido de que es la única línea de investigación científica. Desgraciadamente, no ha llegado a saber que la física moderna ha superado la unilateralidad del llamado pensamiento físico-matemático. Walter Heitler, profesor de Física Teórica en la Escuela Técnica Superior de Zurich, en su libro"Der Mensch und naturwissenschaftliche Erkenntnis" ("El hombre y el conocimiento físico"), constata y advierte: "Se ha llegado casi tan lejos que todo lo que no sea causal y cuantitativo no se considera ya científico ni presentable en sociedad. Pero la imagen del mundo dominante en casi todas las disciplinas científicas, fuera de la moderna física, es una imagen no científica. Se ha absolutizado un solo aspecto del mundo. Por esto, el camino de la ciencia se aleja cada vez más de la vida y del hombre. Y ¡cuánto se ha perdido por esta limitación a lo cuantitativo y al proceso causal!. Prácticamente todo lo que realmente vivimos, y en especial toda nuestra vida interior mental y espiritual. Esto tiene que acarrear consecuencias muy serias para el hombre".

Hasta aquí, Heitler. Sus palabras pueden aplicarse ampliamente a la "parapsicología de escuela", que todavía sigue creyendo que podemos acercarnos a la experiencia humana y a los efectos de la actividad anímica y mental por medio de aparatos y estadística. Si con estos no se consigue nada, el fenómeno de la experiencia no se toma en consideración o se le rechaza de un plumazo, tildándolo de truco y superchería.

Continuará el mes próximo

 

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