INVESTIGACION DE VIDAS PASADAS - UN GRAN INDICADOR: LOS SUEÑOS
(Quinta pauta de comportamiento)


Las vidas anteriores afloran con gran asiduidad en los sueños, los grandes protagonistas del subconsciente y del inconsciente. Muchas veces, sobre todo en la niñez y en la adolescencia, soñamos situaciones vividas anteriormente que luego se pueden corroborar por sofrosis o hipnosis, afirmando la realidad de una o de varias vidas anteriores.

por Fabio Zerpa


Mientras estamos dormidos, se producen en nuestra mente una serie de fenómenos complejos, de los que no tenemos consciencia y que sólo en ocasiones recordamos al despertar. Siempre soñamos; solamente a veces no recordamos esos sueños. Durante las horas de reposo nocturno, el cuerpo descansa, pero la mente, no.

Un gran científico del siglo XIX, Augusto Kekulé, llevaba varios años luchando por representar gráficamente la fórmula del benceno, cuando, de repente, dio con la solución. En un sueño, vio los átomos danzando en trayectorias que se enroscaban como si fueran serpientes. De pronto, una de aquellas formas reptilianas, dice Kekulé, "agarró su propia cola y toda la estructura se retorció burlonamente ante mis ojos; herido por un rayo, desperté".
Accediendo a la imagen arquetípica del gusano ouroboros que circunda el Universo, mordiéndose su propia cola, el sabio descubrió la estructura cíclica del benceno, que se representa en forma de hexágono. Kekulé dijo ante un congreso científico de 1890: "Aprendamos a soñar, caballeros, así podremos encontrar la verdad".
Algo similar sucedió con Albert Einstein, cuando en 1904 soñó con una ecuación: E=MC al cuadrado. Se despertó alterado, la escribió, no sabía de que se trataba. Empezó a elaborar, analizar e investigar esa ecuación. Así surgió la ley que cambió toda la física de los últimos doscientos años: La Teoría de la Relatividad.

Conocemos con bastante exactitud, debido a muchas investigaciones, cómo funciona el cerebro humano. Su perfección y complejidad son tan grandes que es capaz de recibir, clasificar y almacenar sensaciones, conceptos, pensamientos, con mayor eficacia que cualquiera de las computadoras más modernas
Cuando estamos dormidos, el cerebro permanece de alguna manera alerta, y recibe información que se traduce después en forma de sueños.
El sueño, así elaborado, es la respuesta que la mente proporciona tras el complejo proceso que se lleva a cabo en sus zonas más profundas, en el apasionante mundo del inconsciente, que es la parte clave de nuestra personalidad y de nuestro espíritu.
Aunque para muchos resulte difícil entender las ideas, el significado de las palabras, los símbolos y el almacenamiento de recuerdos, todo esto se realiza en forma de información que cabalga sobre energía. Aun cuando los biólogos piensen que el principio de la vida se reduce a puras bases químicas, y han llegado a crear vida artificial en laboratorios, pensamos que no es así. Hay algo que llamamos el Alma, definida por la escala dualista (Alma y Cuerpo), que existe y está más allá de lo material, pertenece a lo espiritual y a lo energético; y quizá ahí esté el origen vital.
En la corteza cerebral del ser humano existe una sofisticadísima red de neuronas que establece contactos fundamentales, que no se limita a grabar sobre sí misma los mensajes recibidos, ya sean estos del mundo externo o interno. No sólo almacena información sino que también la clasifica, ordena y compara entre sí, realizando muchas modificaciones para que todo suene lógico y coherente.

Se piensa que este maravilloso microcosmos de información que es el cerebro humano almacena más información que una estrella.
El contenido psíquico, ese enjambre de vivencias, configuran el yo personal, el ego, y junto a él funciona la memoria, que siempre tiene tres niveles, según lo que nosotros pensamos: consciente, subconsciente e inconsciente.
Pero a través de lo que llamamos estados modificados de consciencia, como es la sofrosis o hipnosis, se puede provocar la apertura de la "puertita" del inconsciente, la cual se abre para pasar a los recuerdos profundos, del subconsciente (estado de relax o de ondas Alpha, que ya veremos) para luego abrir la "otra puertita" que conduce al consciente. A veces no es necesario producir esos estados modificados de conciencia, porque espontáneamente aparece la afloración, por hechos externos que hacen recordar lo almacenado profundamente.
La actividad cerebral durante el sueño se registró por primera vez hacia los años 30, cuando el fisiólogo Alfred Loomis, de la Universidad de Princeton (Estados Unidos), describió el electroencefalograma (el EEG) de un paciente dormido.
Si en el estado de vigilia el cerebro produce ondas beta (14 a 35 ciclos por segundo), al cerrar los ojos y relajarse, comienzan a emitirse ondas alfa (8 a 13 ciclos por segundo).
Más profundamente sumido en el sueño, el durmiente empieza a producir ondas theta (4 a 7 ciclos por segundo), ahí trabajamos en sofrosis, con mente atenta relajada.
Cuando se llega al sueño profundo, el trazado de EEG se hace irregular, con grandes picos, y la frecuencia es entonces ondas delta (4 ciclos por segundo hacia abajo). Si llegamos a la frecuencia cerebral o, por supuesto, se produce la muerte física.
En esos períodos pueden aparecer los llamados fenómenos hipnagógicos, que no son los sueños con argumentos, sino una especie de alucinaciones, generalmente bastante desagradables o grotescas.
A las ondas alfa se las llama no rem 1 y a las theta, no rem 2. Después de ello, el durmiente empieza el sueño rem, que en ingles significa movimientos oculares rápidos, pareciera como si realmente se recorriera visualmente una escena.
Este sueño rem no es privativo del hombre, sino que también se presenta en vertebrados superiores, como las aves y los mamíferos.
¿Y qué le sucedería a una persona que no se le dejara soñar?. En distintos experimentos se ha tratado de despertar a los testigos en etapas del sueño Rem, y las conclusiones llevaron a determinar que se producían verdaderos trastornos orgánicos y psíquicos.
Se piensa que, evidentemente, el soñar es como una autogimnasia que el cerebro se impone para mantenerse en forma.
Para Michel Jouvet podría ser que durante el sueño rem los conocimientos de nuestro ancestral archivo genético (nosotros agregaríamos también la Memoria Extracerebral) se traspasaran al cerebro, lo cual explicaría la mayor necesidad de sueño rem en los fetos e individuos jóvenes, fases en la que tendría lugar esa transcripción.
La afirmación de Jouvet nos lleva a nuestro tema central, porque son innumerables los casos de testigos que nos cuentan que en sueños recuerdan vidas anteriores o hechos vividos en otra época, que luego comprobados por sofrosis e investigaciones en situ, son reales.

Gracias por estar.



EN LA PROXIMA EDICION, LA PAUTA NUMERO SEIS

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