LAS MADRES VIRGENES

                                                                        

Por Prof. Guillermo A. Terrera - Argentina
Universidad de Buenos Aires

 

Planteo general.

Los pueblos, desde la más remota antigüedad, conocieron y practicaron el llamado amor astral o metafísico que fue un amor, sin presencia física, sin necesidad de objetivarse en una mujer corpórea. La Diosa que manejaba las prácticas del amor extra-físico se llamaba Halluine y ella misma era incorpórea y proporcionaba mujeres metafísicas, que sólo vivían en el cerebro de los hombres, para que realizaran el amor sin contactos físicos, con aquellos que las poseían mentalmente.

Es necesario conocer, esta proyección mitológica del amor, para ubicar en su verdadero contexto, la problemática de las madres vírgenes, pues un problema se encuentra vinculado totalmente al otro. Si no conocemos, las implicancias del llamado amor astral y su desarrollo en el conocimiento humano, será dificultoso, analizar las distintas teorías que se han elaborado sobre el auténtico significado de las madres vírgenes.

Las leyendas mitológicas hablan de la Diosa Lilith y de Leucipe, como de la propia princesa Ayesha que más cercana a nosotros, vivió en la antigua ciudad de Thule y poseía las cualidades de ser corpórea e incorpórea, según las necesidades.

Estas mujeres eran etéreas, mágicas y para gozar con ellas no hacía falta el acto físico sexual, para lograr el orgasmo y la eyaculación fisiológica, pues ellas, vivían dentro del cerebro mágicamente, si eran despertadas por el deseo del hombre.

En las viejas mitologías, también existió otra mujer llamada Cidrupini que en lengua sánscrita, significa literalmente, la mujer incorpórea que habita en la mente humana y que incluso, puede estar dormida eternamente dentro del cerebro, sin que su dueño llegue a conocerla de manera metafísica.

Para conocer la realidad de las madres vírgenes, debíamos previamente ser partícipes de este amor astral debido casualmente a que sus protagonistas no necesitaban de la copula física, ni de la eyaculación de semen, para lograr el placer que en este caso, era únicamente metafísico.

De modo psíquico, la mujer enviada por la Diosa Hallouine, vivía en el proceso mental de los hombres y ella sólo se despertaba cuando su dueño necesitaba de sus besos y de su cópula sexual que se realizaba tan sólo con la capacidad de su mente y de modo astral.

El amor astral, por su manera de expresarse, se vincula con el conocimiento humano acerca de las llamadas madres vírgenes, fenómeno éste que estudia e investiga, a través de las diferentes teorías que explican, cada uno dentro de su respectiva posición, la autenticidad de las madres vírgenes en su planteo científico y mitológico.

Cada división del pensamiento humano expresa una teoría sobre el tema mencionado que a "prima facie" parecerían divergentes o contradictorios, pero luego de analizarlos en profundidad, vemos que convergen, desde sus diversas ópticas de interpretación, para aceptar la posibilidad real, de las madres vírgenes.

Las teorías para explicitar el fenómeno de aquellas mujeres que mantienen su virginidad, luego de haber parteado un hijo, son cinco y podemos enumerarlas en:

Teorías:

1)      Antropológica.

2)      Social.

3)      Religiosa.

4)      Científica.

5)      Mitológica.

Teoría Antropológica:

La primera de estas interpretaciones sobre el fenómeno de las madres vírgenes la realizamos sobre el análisis que realiza la Antropología, palabra griega que significa "estudio o tratado del hombre" ya que investiga todo lo atinente a la historia natural y cultural de la especie humana, de allí su vinculación con todo aquello que se relaciona a la fertilidad, gestación y nacimiento de un ser humano, sin lesionar la pureza primaria de la madre.

Existió entre los hombres desde muy antigua data, un tabú o prohibición que emplearon en su propio beneficio, los personajes que tenían rango de reyes, faraones, príncipes, emperadores o caciques y que consistía en que toda aquella persona que había nacido de la unión de un  Dios con una mujer o que estaba investido de poderes mágicos, esa mujer de cuyo claustro materno había nacido el personaje divino no podía concebir otro hijo y si por cualquier circunstancia llegaba a tenerlo, ese nuevo hijo no podía poseer jamás las cualidades divinas del anterior y único, en ese sentido.

La mujer en ese caso, incluso, podía llegar a ser castigada por los  Dioses o por los mismos hombres, al haber concebido otro hijo, después de haber tenido uno de origen divino.

Mediante este tabú o prohibición, los monarcas proclamados divinos evitaban el compartir su divinidad con otros hermanos que podían retacear en un momento dado, su altísima dignidad terrestre, o en algunos casos, llegar a negarla o combatirla.

Los grandes emperadores y reyes, evitaban con este tabú muy antiguo entre los hombres, la posibilidad de ver disminuida su alta y poderosa investidura.

Esto significa que desde hace miles de años, quizás desde los diez o doce mil años de tiempo, los hombres ya tenían la idea de los embarazos de mujeres elegidas por los Dioses; para procrear hijos de origen divino.

También en ciertos casos la mujer que había concebido un hijo, con la participación casi siempre astral de un Dios no podía concebir otro hijo de Dios y menos, copular sexualmente con un hombre común, luego de haber sido elegida por un Dios, para concebir un hijo de caracteres divinos. Su claustro materno, no podía recibir el semen de un hombre mortal.

En todos los casos, si la mujer de un ser divino llegaba a tener otros hijos normales, se negaba la existencia de estos o se desconocía absolutamente tal posibilidad. Tal es a grandes rasgos, la teoría antropológica de las llamadas madres vírgenes.

La Teoría Social:

En la historia social de los grupos humanos, la condición de la mujer sufrió notables e importantes transformaciones. Hasta tiempos no muy remotos, la mujer fue considerada como una verdadera bestia de carga y realizaban las labores más desagradables y pesadas, como fueron las de picar leña, desollar los animales, deportarlos, cocer los alimentos, cuidar del ganado y los sembrados, atender a los hijos auxiliar en las guerras y transportar sobre sus hombros las tiendas y los utensilios del hogar, en los sucesivos cambios de domicilio. Por la noche, la mujer servía para el deleite y los placeres de los hombres, dedicados a la caza, la guerra, las diversiones y la ociosidad.

La condición de la mujer no era respetada en ninguna sociedad, de los tiempos anteriores al advenimiento de Jesús.

Con el advenimiento del cristianismo, hay una toma de conciencia de la injusticia en que nacen, viven y mueren las mujeres y la prédica de Jesús, incorpora principios éticos y morales que producen un cambio social con respecto a las mujeres, ya que él mismo, proviene de una mujer, a quien ama y respeta profundamente.

Sus estudios herméticos, filosóficos y religiosos que realiza en pueblos de Oriente, en especial dentro de la sabiduría indo-aria, lo convierten en un transformador social y religioso y uno de esos pilares, lo constituye la liberación de la mujer, para sacarla de la ignorancia y la degradación en que vivía, sumergida por la violencia y la sensualidad de esos tiempos.

Al pensar en la tranquilidad familiar, en la pureza del hogar, en la plenitud de las tareas domésticas que su madre realiza, como reina de su propia casa, secundada por su propio padre que ejerce labores de carpintero, Jesús elabora un pensamiento social de dignificación y purificación de las mujeres, a través de su propia madre.

Pero la teoría social es allí donde Jesús, promueve a su madre como Virgen, para que no fuera mancillada ni siquiera por su padre, para elevar a la mujer de toda torpeza sensual y poder purificarla y engrandecerla, ante una sociedad corrompida y materialista.

Esta teoría de óptica social, expone un razonable pensamiento humano, sin entrar en problemas teológicos o religiosos que pertenecen a otra área del conocimiento y que se aplican por la fe o la creencia.

Su madre lo ha concebido por amor astral y él ha salido del claustro materno, quien de ese modo, ha conservado intacta su virginidad.

La Teoría Religiosa:

Para el Dogma religioso, el nacimiento de Jesús se produce por un acto de la Divinidad que empleando su Poder Sobrenatural causa el parto de la Virgen María, sin ofender su pureza.

La Anunciación del embarazo es un acto de amor astral o metafísico, la Virgen queda en su nuevo estado, sin haber perdido su virginidad. Tampoco ha mantenido contacto sexual con su esposo. Su fertilidad es incorpórea y su gestación natural.

El basamento de una creencia religiosa es el dogma. El creyente tiene fe, cree en ese dogma inconmovible, si lo discute o disiente, ya deja de tener fe, pues la persona en esa actitud dubitativa, ya no  cree.

El problema religioso es en definitiva, muy sencillo y natural. Se cree en algo, se tiene fe en todo eso que se cree o por el contrario, directamente, no se participa de esa creencia.

La antropología, la sociología, la mitología o la ciencia, explican a su modo particular, todos estos problemas, pero no se atacan, ni se excluyen, dentro de una aparente divergencia, tienen puntos convergentes, que desde hace miles de años, la capacidad inteligente del hombre, los analiza y comprende, en su doble estructura material y espiritual, científica y mitológica.

La Teoría Científica:

En la actualidad, mediante el empleo de los rayos denominados Lasser, se realizan operaciones exitosas, sin dañar los tejidos medios o internos de las personas sometidas a tales experiencias operativas.

Una patología prostática, es intervenida con rayos Lasser que atraviesan tejidos biológicos y órganos, sin causar daños en el campo operatorio y sin alterar el sistema de la circulación sanguínea en el paciente, esto es, sin derramar una sola gota de sangre del intervenido.

Si con el empleo de rayos o de energía controlada que han existido desde siempre, la ciencia y la técnica contemporánea, realizan toda clase de experimentaciones, no es de extrañar que empleando determinadas fuerzas o rayos, el hombre haya logrado en otros tiempos históricos, desintegrar cohesiones o cuerpos moleculares y hacerlos penetrar por diferentes tejidos, sin dañarlos en absoluto.

Tengamos en cuenta que a nivel de avanzadas experimentaciones se  realizan en laboratorios y gabinetes, pruebas físicas sobre desmolecularización y molecularización, de objetos físicos inanimados, haciéndolos pasar de un sitio a otro, a través de una pared, donde son nuevamente molecularizados, es decir, recompuestos en su integración molecular.

Esta polarización y despolarización de campos de fuerza, es la base de la explicación científica de la teoría de las madres vírgenes. El planteo de la mujer que concibe un hijo, luego de concebido lo gesta, es decir, lo desarrolla durante nueve meses y al término de esa fecha, lo partea al mundo exterior, es el proceso natural de todo embarazo.

El problema radica, cuando esa concepción se realiza mediante el empleo de un amor astral que sin causar daños a la mujer, sin copular sexualmente con ella, penetra en sus entrañas con una fuerza o rayo que lleva en sí mismo, las moléculas vivientes desintegradas que entran impulsadas por esa energía y se recomponen, en el ovario de la mujer, integrando el huevo o cigota que es el germen del comienzo de una vida intrauterina.

Ese rayo que funciona como un Lasser sin dañar ningún tejido, ni órgano constitutivo, lleva el esperma desmolecularizado, los cromosomas con sus genotipos. Son las moléculas vivientes que se encuentran en el cosmos, en todo el espacio exterior, ya captadas por centros de investigación, como el Instituto Yofté de Leningrado, cuando analizaron moléculas animadas de alcoholes, aldehidos y aminoácidos en el espacio cósmico, es decir, el germen de la vida.

El pensamiento metafísico con miles de años de anticipación, se ha concretado en estos últimos años, al descubrirse moléculas de vida en el espacio. Incluso como nosotros, en al año 1950, ya lo habíamos pronosticado y aseverado, sin tener los elementos de laboratorio necesarios, como tuvieron los rusos en 1980, con su reactor esférico o mini-cosmos, donde realizaron sus experiencias de gabinete y laboratorio que los llevaron a la conclusión definitiva de la presencia de moléculas vivientes en el espacio cósmico.

El esperma desintegrado en moléculas, al penetrar al claustro materno, vuelve a cohesionarse en su estructura molecular y presenta su particular organización a nivel cromosomático y genotípico que hace posible la fecundación del óvulo y su posterior gestación o desarrollo natural.

Todas estas mostraciones y demostraciones, han venido a confirmar nuestras teorías metafísicas, de la misma manera como Demócrito, hace dos mil quinientos años atrás, sin disponer de ciencia y tecnología avanzada, como el caso del microscopio electrónico, llegó a describir el átomo y su estructura interna.

A esas moléculas, puestas por un rayo o fuerza, solo les falta el proceso evolutivo de las mismas, como formas animadas, dentro del claustro materno y la gestación comienza en la unicélula, en el huevo, como hace cuatro mil quinientos millones de años, para pasar evolutivamente por todos los fenómenos naturales del desarrollo fetal, hasta concretar el nacimiento de un ser humano, perfectamente constituido.

Durante ese período natural de nueve meses, el embrión ha pasado por todos los procesos evolutivos, desde la célula o unicélula del flagelado o protozoo primitivo, hasta el hombre.

Para lograr el nacimiento, sin dañar los tejidos de la madre virgen, el cuerpo del feto, listo para nacer, es desintegrado en su estructura molecular y ese rayo o fuerza, de origen cósmico o mental o en conjunción de ambas fuerzas, de ambas energías, saca del claustro materno al niño y lo recompone molecularmente en el exterior, sin dañar o menoscabar la capacidad virginal de la madre.

Ese rayo similar al Lasser, ha penetrado en el cuerpo de la mujer, ha desmolecularizado el cuerpo de su hijo, lo ha sacado al exterior y lo ha vuelto a molecularizar, a integrar en su estructura humana.

Si la mitología y la metafísica, cada una en su esfera de conocimiento, han venido desarrollando esta capacidad existente de energía y la Física contemporánea ha logrado establecer importantes avances en el campo nuclear, molecular y de rayos o fuerzas en producción y en expansión, las antiguas leyendas y las ancestrales mitologías del hombre, no están desacertadas en sus milenarios pensamientos. La Metafísica por su parte, ha abierto los campos de estudio y experimentación a toda la ciencia contemporánea.

La Teoría Mitológica:

Las leyendas y mitologías de todos los pueblos de la Tierra, han coincidido en sus aspectos fundamentales, pues las culturas creadas en distintas latitudes y en diferentes lugares fueron trasvasadas y conmixtionadas por el transporte que de ellas hicieron los propios seres humanos en sus largos desplazamientos inmigratorios.

Algunas de estas formas culturales, tuvieron más incidencias que otras y en el caso de las mitologías creadas con respecto al amor astral y a las denominadas madres vírgenes, tuvieron una increíble difusión, de iguales creencias, por alejados territorios.

La mitología de las madres vírgenes, se constituyó en especial, sobre niñas y jóvenes mujeres que eran poseídas indistintamente por seres o fuerzas, tanto materiales como inmateriales. En caso de ser corpóreos, eran simplemente dioses que tomaban diversas formas y copulaban, solo astralmente con las mujeres elegidas para tal fin.

Esos seres o bien fuerzas, resultaban en definitiva, ser exactamente lo mismo y a través del hecho o fenómeno de su presentación, podían tener la forma o representatividad, de in toro, de una paloma, de un bello cisne blanco, de un Dios protector de seres humanos, de animales indefensos, de una montaña, un bosque o un lugar determinado, como un río, un árbol, una piedra etc.

También esos extraños seres o fuerzas, podían tomar las formas de un nibelungo, seres míticos que raras veces podían ser observados y que habitaban en la escurridiza neblina, de donde aparecían para auxiliar a los buenos, asustar a quienes realizaban malas acciones o mantener amores astrales con aldeanas o campesinas.

Asimismo, esas presencias mitológicas, podían ser gnomos del bosque o enanos que habitaban en ríos y lagunas, como inmaculados caballeros que protegían a bellas mujeres.

Lo fundamental de tales leyendas, es que la posesión metafísica o incorpórea que tales seres o fuerzas, realizaban sobre madres vírgenes, era que los niños nacidos de tales uniones, gozaban de caracteres divinos y mágicos, pudiendo incluso, mutar sus formas, sobre las más variadas especies.

Esas posesiones astrales, también podían efectuarse con una luz, con una energía, con un rayo cósmico o con un espíritu. Estas fuerzas, al penetrar en el claustro materno, hacían posible el embarazo energético o metafísico.

Como podemos apreciar, el problema del amor incorpóreo y de las madres vírgenes, se inició en el conocimiento humano, hace muchos miles de años y dentro de la proyección mitológica de las creencias del hombre. De allí pasó a la consideración religiosa y luego a la científica, porque tales apreciaciones, tenían su trasfondo de realidad que con el transcurso del tiempo, pudieron ser dilucidadas en profundidad.

Los dioses ancestrales, de todas las regiones geográficas del planeta Tierra, tanto en Africa como en  Asia, Eurasia y América, en infinidad de casos, buscaban a niñas de 12 a 14 años o jóvenes mujeres, dotadas de pureza virginal, para acceder a ellas en amor astral y mediante la cópula extra-física, embazarlas, para que dieran a luz, seres humanos de características especiales, sean Dioses o Personajes Mágicos que siempre defendían el bien o divulgaban los valores ético-morales, en las regiones donde ellos habitaban.

Los Dioses ancestrales como Llastay, Coquena, Ñamandú, Ngenechen, Ñanderiquey, Tyoyey, Huenupillún, Huaira-Puca, Kenos, Kasunrunra, Chiqui, Viracocha, Quetzalcoatl, Kukulkán, Kontiki o Krishna, entre tantos otros, fueron proclives a los embarazos astrales que por lo general, las leyendas cuentan que se realizaban sobre princesas, hadas, diosas de templos, jóvenes místicas o pastoras humildes que cuidaban rebaños en las altas mesetas, todas ellas vírgenes y espirituales que estaban dotadas, de una pureza inmaculada.

Es el caso entre muchos, de una extraordinaria pastora de la milenaria India, llamada Radha, a quien el dios Krishna, al conocer sus virtudes, la deja embarazada astralmente y concibe un niño, hijo de Dios que nace sin menoscabar su estado de gracia virginal.       

  

El Quinto Hombre  
 

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