UN HOMBRE LLAMADO ALBERT SCHWEITZER

 

Un 4 de setiembre de 1965, en Lamberené, en el corazón de Africa y en su propio hospital, fundado por él en 1931, fallecía ALBERT SCHWEITZER; su cuerpo físico terminaba su ciclo, a los 90 años de edad; una enrome e increíble sonrisa lo despedía; la música de Juan Sebastian Bach, tan querida por él, sonaba majestuosa; la selva y los ríos africanos fueron inundados por el postrer saludo musical lanzado quizás  en homenaje de uno de los más maravillosos

por Fabio Zerpa
espíritus del siglo XX; en esa cambalacheada centuria apareció una luz increíble, llena de humanidad, humildad, sacrificio y de servicio al semejante, realmente excepcionales.
El médico, el filósofo, el musicólogo, el escritor, el teólogo y el misionero, terminaban físicamente su misión, una de las más extraordinarias en la Historia de la Tierra. Pero Albert Schweitzer no murió, no puede haber muerto, no morirá nunca, mientras la Humanidad exista y quizá todavía más allá de ella misma; su obra, su espíritu, su pensamiento, su humanismo, vivirán eternamente.

Un hombre que haya expresado esos pensamientos excepcionales y que él los haya aplicado en la práctica diaria, no puede haber muerto, nunca morirá. Él dijo:

Para el hombre verdaderamente moral, todas las vidas son sagradas, incluso las que desde el punto de vista humano parecen inferiores. Sólo estallará distinciones cuando se vea obligado por la necesidad, cuando principalmente haya que elegir entre dos vidas, la que debe conservarse y la que debe ser sacrificada. Me considero muy afortunado al poseer los nuevos remedios contra la enfermedad del sueño, que me permiten conservar la vida en los casos, que antes tenía que asistir a una larga e inexorable enfermedad. Pero cada vez que veo los microbios de la enfermedad del sueño en el microscopio, no puedo evitar el reconocer que tengo que destruir sus vidas para salvar a otras

Para ubicarse en esa dualidad, en esa serenidad de reflexión, es haber habitado EL MEJOR MUNDO DE LA ESPIRITUALIDAD. Es aquel hombre que dejó todo, que renunció a todo, para comenzar una nueva vida, con la esperanza puesta en el Hombre y la Naturaleza.

Schweitzeer tuvo la valentía de renunciar a todo para conquistar todo de nuevo, en otro mundo, hostil y extraño para su sensibilidad europea. Enfrentó permanentemente a muchas cosas, para tomar el camino del Amor, del Bien, del Altruismo.

Y él ganó mucho, pero mucho dinero; sus conciertos de órgano, eran excelentes como instrumentista, realizados en muchas giras, le depararon ese dinero que él tanto necesitaba; también realizó innumerables grabaciones para distintas compañías discográficas; editó y fueron éxito, numerosas partituras musicales, asi como libros filosóficos y teológicos; pero todo ello tenía un solo fin: FUNDAR HOSPITALES Y ALDEAS A TRAVES DE CASI TODA AFRICA ECUATORIAL.

Ese dinero nunca tuvo un aprovechamiento para su exclusivo y egoísta beneficio personal, sino que lo invirtió en predicar la paz, en realizar obras, en adelantarse al futuro y hacer el bien a aquellos semejantes olvidados, de color negro. Su labor fue tan ardua y tenaz, hasta sus últimos días; una lucha permanente, única y sin intervalos.

Los occidentales que se acercaban a Lamberené, a ver al "VIEJO LOCO", se asombraban al contemplarlo, con sus noventa años a cuestas, arriba de una canoa, que él mismo conducía sobre cualquier río africano; se maravillaban de ver al hombre canoso, alto y corpulento, vestido siempre de blanco y con su habitual moño negro bajo el cuello.

Su rostro de profunda serenidad, con una frente amplia, enmarcada por su melena blanca y desaliñada de león; su vigoroso bigote adornaba la boca de la bondad y la permanente sonrisa. Aquel gigante, era más gigante aún por dentro, porque él expresó alguna vez esto:

Mi existencia ha encontrado su base  y su orientación a partir del momento en que he reconocido el principio del respeto a la vida que implica la afirmación ética del mundo. Por eso, he tomado partido y quisiera trabajar para hacer que los hombres fueran más profundos y mejores, obligándoles a pensar sobre sí mismos. Estoy en desacuerdo con el espíritu de este tiempo, porque está lleno de desprecio para con el pensamiento. En ese mismo desprecio entra también la desconfianza. El Hombre que piensa por sí mismo y que al mismo tiempo es libre en el plano espiritual, resulta un ser incómodo y misterioso para estas colectividades organizadas de nuestra actualidad, que quieren destruir al individuo. Maravillosa e increíble disquisición.

Este fronterizo esquema filosófico, vanguardismo intelectual y espiritual, enfrentamiento valiente a la realidad y mucha más aún significan esos pensamientos.

Así fue y es, por supuesto, ALBERT SCHWEITZER, un ejemplo permanente de lo que debería ser siempre el hombre  y que será en el futuro; lo hemos recordado como cartabón fundamental de nuestra IDEA, de nuestro accionar, de nuestras metas, de nuestra investigación.

Esperemos que vayamos adquiriendo cada vez más, en nosotros mismos y alrededor de nosotros, ese espíritu de Schweitzer, su lucha, su grandiosidad, su espiritualidad.

Quizá al lado nuestro ya tenemos NUESTRO LAMBARENÉ, que buscamos durante tantos años; por supuesto, estamos en su edificación sólida, porque sus cimientos están; cada vez más me siento así en nuestra Fundación, unidos a "los otros", al semejante; esos otros, distintos y misteriosos, que comentaba Schweitzer, los que siempre buscan caminos nuevos y destinos diferentes para llegar a la definitiva meta; EL SENDERO DE LA ESPIRITUALIDAD, EL ENCUENTRO CONSIGO MISMO Y TODO LO COSMICO. Por eso aceptamos tanto al gran filósofo francés André Malraux EL SIGLO XXI SERA ESPIRITUAL O NO SERÁ"

Este FABIO ZERPA CLUB que hemos formado tiene todas las facetas de empezar a ser un pequeño Lambarené  que tiene brazos en 54 países y se está extendiendo cada vez más

Solo quise recordar a un gigante excepcional que "vive" en el siglo XXI. Gracias por estar y por ser. Lo mejor.

El Quinto Hombre  
 

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