¿QUÉ ES EL HOMBRE?                                                                        

Por Zelmar Gueñol - Argentina


Apoltronados ambos en los anatómicos "bergére" del "living", discurríamos con la fisiológica placidez de la sobremesa, cuando de pronto, casi a quemarropa, Fabio Zerpa me deflagró la pregunta: "¿Qué es el hombre?". Nada menos. La gran pregunta. El punto de partida hacia la metafísica, la genoseología y la axiología. Es decir, hacia el trípode en que se asienta la filosofía toda.

Obviamente, la respuesta fue la mía. Sin petulancia, pero también con autenticidad. Sin ofender ni temer, según el antiguo concepto de la libertad. Comentando las palabras en ideas y las ideas en sentimientos.

Auscultando hacia adentro. Rastreando las profundas raíces. Desembocando en el misticismo del más íntimo y personal credo.

Creo en Dios. Pero no "a imagen y semejanza" del hombre. Que es lo que en realidad, por carácter recíproco pretende decir la frase inversa; la que, a mi entender, constituye la mayor soberbia humana.

Limitar a Dios a nuestra imagen y semejanza es minimizar su condición infinita. Creo en Dios, inmanente y trascendente en sí mismo, a través de sus engendros, que siempre son  auto-engendros. Dicho de otro modo soy panteísta.

Pero la pregunta no era: ¿qué es Dios?....Que, por otra parte, por infinito, no cabe en definiciones ni en concepciones. No cabe más que en sí mismo. Y sólo puede atisbarse en apenas algunas de sus partículas. La pregunta era: ¿qué es el hombre?..... Y como panteísta, siento que Dios pasa también por el hombre, por la humanidad; como pasa por todo, está en todo, en constante transmutación.

El hombre, pues, pues para mi, es parcialísima expresión de Dios. Manifestación parcialmente auto-consciente. Como seguramente habrá muchísimas más (auto-conscientes) en el infinito Cosmos.

Poseemos una sensibilidad y una inteligencia. (Y de la metafísica, u ontología, ya hemos pasado a la gnoseología). Poseemos una conciencia. Por ella, comprendemos. Nos relacionamos. Incorporamos a nuestra individualidad nuestro entorno, la vida del prójimo. Compartimos. Nos solidarizamos. Amamos. Claro que hay toda una escala de coeficientes individuales. Hay seres más acorazados, más encallecidos. Y los hay más hipersensibles, delicados. De acuerdo a eso, nos duele el dolor de los demás. Com-padecemos. Padecemos con.... Y nos indigna la injusticia, que, en última instancia, supone el dolor en sus víctimas. ¿Y ello será "porque sí"?..... No hay nada "porque sí". Tal frase, como el concepto de "azar", es una simple confesión de impotencia intelectual o de cobardía evasiva. Todo en el Cosmos se interdepende, todo es un infinito engranaje de causas y efectos. De ahí que crea que la compasión y la indignación (que, en suma, son una misma substancia) no se producen en nosotros para que las recibamos estáticos, como espectadores exclusivamente. Sino para que actuemos, como agonistas. (Para que "agonicemos", en el sentido rescatado de su etimología por Miguel de Unamuno). Es decir, para que luchemos.

Y ya estamos en la axiología o estudio de las normas o deberes esenciales del hombre. Como Kant, siento que vivir implica un imperativo ético. Nuestra compasión y nuestra indignación - formas de nuestro amor - son la fuerza motriz para que actuemos como he dicho.

Para que intentemos constantemente una realidad mejor, por la persuasión o la acción, que puede llegar hasta a ser violenta (cuando otra violencia mayor, desembozada o hipócrita, pretende someternos o paralizarnos en la impotencia). Para que intentemos, digo modificar. Transformar, transmutar; lo injusto en justo, lo malo en bueno, lo feo en bello, lo peor en mejor... Claro está que nadie es individualmente dueño de una Verdad Absoluta. Y que es muy peligroso caer en el dogmatismo de esquemas simples, desde que todo es, dinámicamente, un desequilibrio que busca su equilibrio, dialécticamente, contradictorio en su esencia. ¿Cómo no dudar entonces? ¿Cómo podemos aconsejar lo anterior, sin riesgo de que - con la mejor intensión - alguien se erija, "per se", portador de esa pregunta Verdad; y sea también arbitrario, injusto, malo?.... Hay sin embargo algunas verdades axiomáticas, algunos puntos de referencia, algunas pautas, en medio de tanta confusión. El menor error es la equidistancia de los errores ya reconocidos. Y yo diría que el sentido del progreso humano sigue siendo ese equilibrio de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Recordando, como tema esencial de nuestra época, que, sin una creciente y progresiva igualdad de circunstancias, no hay igualdad de libertades. Es decir, las hay para unos más que para otros.... Por eso la ciencia se esfuerza en corregir todo lo que sea desigualdad previa, de circunstancias externas o internas. Trata, por ejemplo, que el infradotado vaya siéndolo cada vez menos.

Que Salamanca comience a prestar lo que Natura no ha dado. De liberar del bloqueo de la timidez, deshinibiendo, permitiendo al ser humano realizarse. La sociología y la política de la humanidad en avance luchan contra las sofisticas y caducas "sociología" y "política" de quienes defienden sólo los privilegios de unos pocos, en detrimento de muchísimos.

Y volviendo a mi credo metafísico, pienso que cuando el hombre llega hasta la blasfemia en su indignación, rebelándose contra lo que considera injusticia divina, paradojalmente, evidencia, aún sin saberlo, más que nunca ser una expresión de Dios. Es Dios, en el hombre, pretendiendo corregir a Dios, fuera del hombre. Es Dios autocorrigiéndose.

Todo eso, a partir de un inevitable egocentrismo. El hombre va ampliando el diafragma de su solidaridad, de su amor, según su sensibilidad e inteligencia.

Empieza por sí mismo, por su instinto de conservación, su amor propio, su vanidad, su orgullo.... Después, va abriendo sus anteojeras. Va pasando del "yo" al "nosotros". Va incorporando bajo su piel a los demás. Va amándose a sí mismo en los otros, que no es, funcionalmente, otra cosa que el evangélico precepto de amar al prójimo como a uno mismo. Pero...partiendo de lo que más se nos aproxima o asemeja. "Nosotros", emocionalmente, va significando, para unos y para otros, identidad basada en distintos comunes denominadores: familia, o barrio, o ciudad, o religión, club, equipo de fútbol, partido político, "hobby", provincia, región, secta, raza, idioma, profesión, gremio, clase social....A medida que nos purificamos en la elevación, sentimos que nuestros "semejantes" van siendo muchos más. Vamos incorporándolos, a partir de aquel "ego" de bebes. Vamos ensanchando nuestra epidermis. Gandhi emancipó a la India de los británicos, pero llegó a llorar en público, dolorido y avergonzado, por un acto de violencia que sus compatriotas habían cometido innecesariamente contra aquellos, a quienes él llamaba "hermanos equivocados". Y para San Francisco de Asís, todo animalito, todo ser viviente, era también su hermano.

Podemos hasta hacer una prueba. Cuando leemos un titular de un diario, que lleva un pasajero del subte, vecino a nosotros: "Catástrofe aérea". Nos impacta, nos perturba. Nos acercamos más y fisgoneamos acerca de la noticia. "Se estrelló un avión en .....(país extranjero),  pereciendo todos sus ocupantes", y continúa. ¡Ah!... - suspiramos - Si hubiera sido en nuestro país, nos hubiera afectado, sin duda, más aún. ¿Y por qué?....Por egocentrismo. Obvio, inevitable. Pero a medida que ampliamos nuestro "ego" - cuando crecemos y maduramos realmente - nos van doliendo por igual todos los seres humanos. De algún modo, los vamos comprendiendo. Nos proyectamos en ellos; o los proyectamos en nosotros. Los vamos amando. Y así, podemos llegar a condolernos de todas las criaturas vivientes, identificándonos con ellas, en menor o mayor grado. Tal vez algún día, nuestros hijos o nietos leerán: "Accidente fatal en una nave interplanetaria". Y primero averiguarán si es de la Tierra. Si no lo es, no les importará: o les importará; o les importará menos, efectivamente. Pero también algún otro día, posterior a aquel, la conciencia de nuestros biznietos, se habrá ensanchado lo suficiente como para ir mucho más allá de la especie humana y de las criaturas terrestres. Lo suficiente como para identificarnos realmente con todos....Y con Todo. Entonces habremos llegado a ser, más conscientemente, una mayor parcialidad de Dios.  

 

El Quinto Hombre  
 

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