LOS PECES QUE ENGENDRABAN HOMBRES                   

 

Por Juan Jacobo Bajarlía - Argentina




El primer hombre habría sido el producto del líquido espermático derramado por un pájaro divino llegado de otros mundos.

En el siglo XVI circularon en Europa algunos libros heréticos, cuyos posibles autores perecieron en la hoguera. De uno de ellos, "L'origine de la magie" (1583) (redactor no precisado todavía) se extrajo una fábula que aterrorizó a los inquisidores. Según este relato sólo las aguas y los peces existieron en el origen de la vida.

Pero los peces eran de distintos tamaños, y su dimensión posibilitaba una inteligencia peculiar que faltaba en los más pequeños condenados, a su vez, a ser el alimento de los otros. Uno de esos grandes peces, llamado Incitat (incitante, promovedor de vida), de enormes aletas, voló un día hacia la superficie terrestre y arrojó su semen desaprensivamente. La parcela en que cayó el líquido se cubrió de una extraña tonalidad ambarina y a los pocos meses un ser alongado y virtuoso comenzó a saltar sobre las piedras hasta que le crecieron alas en vez de aletas.

Este ser alongado fue el primer pájaro que cruzó la atmósfera del planeta. Se alimentó de hierbas y gusanos y buscó refugio en las grutas cuando la altura lo cansaba. La fábula no se detiene ahí. Relata las peripecias ulteriores del "hijo" alado de Incitant y concluye en la apertura hacia una ontogenia en cuyo origen los pájaros habían iniciado la vida humana.

No se sabe si esa fábula influyó o no en el religioso Lucilio Vanni, quien apenas vivió 35 años. Pero se conoce su historia de sabio inconformista dedicado a los estudios esotéricos. Fue el autor de una hipótesis demoledora según la cual el semen de los peces podía engendrar seres dotados de inteligencia. El primer hombre habría sido el producto del líquido espermático derramado por un pájaro divino, llegado de otro mundo. La respuesta de los Tribunales Inquisidores advino rápidamente.

Lucilio Vanni encarcelado y condenado a muerte en el patíbulo. Lo ejecutaron en Tolosa, en 1619, arrancándole la lengua con una tenaza y estrangulándolo a continuación para que nunca más pensara ni repitiera esa "tremenda herejía".

Un siglo después, en 1748, se publicó el "Telliamed", de Benoit de Maillet, que vivió entre 1656 y 1738. El libro había sido escrito en 1724. Pero el autor, que conocía a sus contemporáneos y sabía cuál era la dimensión asombrosa de sus teorías, prefirió el anonimato al enfrentamiento de la ira.

La tesis que desarrollaba tenía conexiones con la leyenda y la idea religiosa del cercenado y estrangulado en Tolosa. El también afirmaba en el "Telliamed" que en el origen de la vida los peces voladores habían engendrado a los pájaros. No reconocía ningún poder divino. Sólo el poder del semen de los peces, caído en una tierra virgen donde ya se habían dado todas las posibilidades de la germinación. No sabemos qué habría sucedido con Benoit de Maillet si hubiese sobrevivido a las publicaciones de su libro.

Los sabios del siglo XX lo habrían recibido con una sonrisa. Pero esto no le quita ninguna importancia. La historia de la ciencia es la historia de la libertad de pensamiento.

El Quinto Hombre  
 

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