CIVILIZACIONES EXTRATERRESTRES 

Profesor Pablo A. Ingrassia.
             Director del Observatorio Astronómico del
  Instituto Superior del Profesorado
Dr. Joaquín V. González.



¿Estamos solos en este Universo? Si el cosmos es tan extenso y contiene tantas galaxias y tantas estrellas: ¿se justificaría que seamos los únicos.? Si es así: ¿no alcanzaba con un Universo más pequeño y menos cantidad de materia.? ¿Para qué tanto desperdicio.?

Pues... una respuesta inteligente sería: ¡no, de ninguna manera.! Pero cuidado: el hecho de que la ciencia no haya dado con ninguna civilización extraterrestre no significa que éste sea un Universo estéril (fuera de la Tierra, obviamente).

A continuación se expondrá y discutirá la probabilidad de que existan otros sistemas solares similares al nuestro pero sin irse demasiado lejos, sino dentro de nuestra propia galaxia.

Por lo único que se puede estar completamente seguro es que en este Sistema Solar se ha desarrollado vida con un cierto grado de inteligencia. Pero para que una vida inteligente se desarrolle más allá de los confines del Sistema Solar se necesita de una química complicada, y eso determina cierto intervalo de temperaturas que probablemente no debería exceder mucho de las temperaturas terrestres, ni ser demasiado bajas; así como un moderado nivel de radiaciones electromagnéticas, y la presencia de elementos indispensables para constituir la llamada "sopa orgánica" que iniciaría los primeros organismos unicelulares.

 

Enumeración de los elementos que favorecen el desarrollo de la vida:

  1)      Un sistema solar simple, vale decir, con una única estrella, ya que los sistemas dobles, triples o múltiples complicarían las trayectorias de posibles planetas orbitando a su alrededor debido a interacciones gravitatorias y al constante flujo energético que emanaría de dichos astros.
2)      Una estrella del tipo F, G, K o M de acuerdo a temperatura y tipo espectral, o sea, que no sea demasiado caliente (entre los 7.500º C y 3.000º C en su superficie). Recordando que el Sol es del tipo G-II con 5.600º C. Además debe estar dentro de la secuencia principal para evitar cambios en su brillo y temperatura, es decir, que la estrella no sea ni demasiado joven ni muy vieja.
3)      Un planeta de estado sólido que orbite más o menos a 50 millones de km para una estrella del tipo M, a 100 millones de km para una estrella del tipo K, a 150 millones de km para las del tipo G, y a 200 millones de km para las del tipo F, con posibles oscilaciones que no superen el 10% de la distancia a dicha estrella para posibilitar un calentamiento moderado de la superficie.
4)      Un planeta con atmósfera o envoltura gaseosa que permita retener átomos de gases pesados como el nitrógeno, el oxígeno y el metano. Para ello el planeta no puede tener un diámetro inferior a los 10.000 km, ya que un planeta poco masivo tendría una atracción gravitatoria débil para este propósito.
5)      Un planeta con movimiento de traslación moderado para no desestabilizar la atmósfera.
6)      Una inclinación axial entre los 25º y 35º para el planeta, con lo cual se producirían estaciones climáticas, para evitar que, gracias a la traslación, no haya zonas demasiado castigadas por la luz de la estrella, ni otras zonas imposibles de recibirla.
7)      Una órbita con poca excentricidad (más circular que elíptica), para que no se produzca una gran amplitud térmica entre el afelio y el perihelio.
8)      Un período de rotación moderado. Que no sea demasiado lento porque elevaría la temperatura a valores peligrosos durante el día y descendería al punto de congelación del dióxido de carbono durante la noche. El período de rotación tampoco debería ser elevado, para evitar peligrosas turbulencias y vientos en la atmósfera.
9)      Al menos un satélite natural cuyo tamaño le dé una considerable atracción gravitatoria, y que orbite a una distancia del planeta similar a nuestra Luna, para atraer y absorber meteoritos que podrían impactar en el planeta. Dicho satélite actuaría como escudo protector.
10)  Que en las cercanías de este sistema solar no haya estrellas moribundas a punto de convertirse en novas o supernovas, ya que una explosión de alguno de estos tipos acabaría barriendo con la atmósfera del planeta. Para atenuar los efectos de la explosión, las novas y supernovas deberían situarse a distancias superiores a los 35 años luz.

  Pero aunque la enumeración de estos diez puntos parezca pedir demasiado para que el azar los reúna simultáneamente en una misma región del espacio, todavía habría que insistir con la presencia de sustancias líquidas o con un cierto grado de humedad sobre la superficie del hipotético planeta (como el agua).

Si bien se sabe que la vida en la Tierra comenzó en el agua, no se conocen estructuras químicas que permitan producir cadenas de aminoácidos fundamentales en la química del carbono fuera del estado líquido. 

Galaxia M-104, a 65 millones de años luz de distancia, en la constelación de Virgo. ¿Cuántas civilizaciones inteligentes contendrá este gigante del Cosmos.?

 

La Ecuación de Drake:

  Nuevamente, insistiendo con el mismo tema, los escépticos podrían pensar que la coincidencia de estos diez factores indispensables para la vida es algo imposible y que sólo se dio en la Tierra por factores divinos; pero a partir de ahora estos diez puntos se distribuirán por toda la Vía Láctea a través de una curiosa ecuación, con un resultado sorprendente, ya que las variables que integrarán dicha ecuación exceden a su vez estos diez puntos, es decir, no sólo posibilidades de vida sino de vida inteligente, con alto desarrollo tecnológico y ganas de comunicarse con otras posibles civilizaciones extraplanetarias.

El astrónomo Frank Drake, de la Universidad de Cornell en Estados Unidos y amigo de Carl Sagan es el autor de la llamada Ecuación de Drake, cuya fórmula es la siguiente:

  N=R*fp*ne*fl*fi*fc*L

Esta ecuación es el producto de variables de probabilidades parciales de hechos que conducen a evaluar el número de civilizaciones en nuestra propia galaxia, la Vía Láctea.

R = velocidad media de formación de estrellas en nuestra galaxia. Es decir, R=10 estrellas por año.

fp = fracción de estrellas asociadas a un sistema planetario, siendo éste simple. Se tomó fp=0,5.

ne = número de planetas ecológicamente apropiados para albergar vida. Para compararlo con el Sistema Solar se eligió ne=1.

fi =  fracción de planetas aptos para la vida en los cuales se desarrolló alguna forma inteligente. fi=1.

fc = fracción de planetas con desarrollo tecnológico e interés por comunicarse con otros mundos. Aquí se supuso que de 100 civilizaciones, sólo 1 estaría interesada en querer comunicarse, es decir, fc=1/100.

L = duración media de civilizaciones con un cierto grado de inteligencia. Se toma L entre 1000 y 100000 años.

El resultado N es el número de civilizaciones presentes en nuestra galaxia con suficiente desarrollo tecnológico como para poder y querer comunicarse.

Como L varía entre dos valores extremos, haciendo los respectivos cálculos se tendrá que:

N = 10 . 0,5 . 1 . 1 . 1 . 0,01 . 1000 ................... N = 50

N = 10 . 0,5 . 1 . 1 . 1 . 0,01 . 100000 ...........  N = 5000

Así, el rango de valores para N es de 50 a 5000 civilizaciones.

Debe pensarse entonces que existirían hasta 5000 civilizaciones en nuestra galaxia y que además desean comunicarse, y el único valor seguro es que existe por lo menos una.

 

Un cúmulo globular. Son de las estructuras más viejas del Universo. Las civilizaciones que se hayan desarrollado alrededor de alguna de estas estrellas seguramente habrán evolucionado lo suficiente como para esparcirse por el Cosmos con tecnologías desconocidas por nosotros hasta el momento.

   

Distribución en la Vía Láctea:

  Nuestra galaxia, la Vía Láctea es una galaxia del tipo espiral, consistente en más de 4 brazos principales (algunos científicos cuentan 7 brazos), un núcleo y algo así como 400000 millones de estrellas que la componen.

Tiene un diámetro de 100000 años luz, y el Sistema Solar se ubica en el Brazo de Orión.

Está a 25000 años luz del centro galáctico. El plano galáctico tiene en esta posición 700 años luz de espesor. El núcleo mide 15000 años luz de diámetro, y casi 10000 años luz de espesor. Es una zona con mucha densidad estelar, muy brillante y energética, por lo que sería inútil intentar buscar signos de vida en sus inmediaciones. Entonces la búsqueda se orientaría a partir de los 15000 años luz y hasta los 100000 años luz. Vale decir, en un anillo que se extiende desde los 7500 años luz de radio hasta los 50000 años luz, o sea, 42500 años luz.

Dicha franja ocupa una superficie de 7677 millones de años luz cuadrados.

Cabe aclarar que para el siguiente cálculo no se tendrá en cuenta el espesor galáctico, que oscila entre los 100 y los 5000 años luz (sin contar el núcleo propiamente dicho) con un excedente de 50 años luz por encima y por debajo de los valores antes mencionados.

Suponiendo que las posibles civilizaciones se encuentren uniformemente distribuidas, los valores resultantes serían:

Para 50 civilizaciones, estarían separadas por discos de 14000 años luz cada uno.

Para 5000 civilizaciones, estarían separadas por discos de 1500 años luz de diámetro cada uno. Teniendo en cuenta el espesor galáctico, los discos se convertirían en esferas con diámetros aún mayores que los citados.

Valdría la pena preguntarse acerca de qué estrellas se ubican a distancias cercanas a los 1500 años luz del Sistema Solar: Alnitak, Alnilam, Mintaka (las Tres Marías), Canopus; Altair, Antares, Sirio, Proción, Aldebarán, Beltelgeuse, Rigel, Régulus, Spica, Rukbat, Achernar, Fomalhaut, Deneb, Sheliak y la Nebulosa de Orión, por citar sólo unas pocas visibles a simple vista.

¿Y a 14000 años luz.? Aquí no hay estrellas conocidas visibles sin ayuda de instrumentos sino algunas nebulosas anulares, racimos estelares o cúmulos.

Todas las demás estrellas conocidas y visibles se ubican a distancias menores a los 3000 años luz. Entonces, ¿sobre qué estrellas convendría iniciar la búsqueda.?

Por suerte el grado de uniformidad es bajo en un universo gobernado por el azar y circunscribiéndonos a nuestra propia galaxia, así que no existe ningún punto privilegiado a lo largo de ese anillo galáctico.

La búsqueda debería iniciarse entonces en estrellas estables en cuanto a edad, de brillo y temperatura medio-inferior y en lo posible cercanas.

 

  Joven racimo de estrellas ubicado dentro de nuestra propia galaxia. Como se trata de estrellas recién formadas, puede que los sistemas planetarios aquí presentes se asemejen al Sistema Solar pero hace 4000 millones de años, es decir, en plena etapa de formación. Es poco probable hallar aquí seres desarrollado tecnológicamente.

 

Plano de la Vía Láctea, con sus principales brazos espirales y la ubicación del Sistema Solar, en el Brazo de Orión.

 
Algunos ejemplos en estrellas cercanas:

a)      Estrella de Barnard: Es la segunda estrella más cercana al Sol después de Alfa Centauri. Es un sistema simple de magnitud visual 9,5 (invisible al ojo humano a simple vista); se trata de una enana roja cuya masa es 1/10 de la masa solar, con 3000º C de temperatura en su superficie, y se halla dentro de la secuencia principal. Es del tipo M-5, con una luminosidad de 0,00045 comparada con el Sol, que es de 1, ubicada a 6 años luz. En 180 años esta estrella recorre una distancia igual al diámetro de la Luna llena, que es de medio grado en el cielo. Estudiando el desplazamiento de esta estrella, se encontraron perturbaciones provocadas por algún objeto muy masivo en su cercanía que afecta su trayectoria por acción de la gravedad. Para la Estrella de Barnard existe un compañero cuya masa supera ampliamente la masa de nuestros planetas. La masa que desvía la posición de esta estrella es comparable a la masa de todo el Sistema Solar. Se cree que 3 planetas orbitan alrededor de dicha estrella, en círculos que oscilan entre los 230 y los 240 millones de km de la estrella. Las masas serían de 1,26, 0,63 y 0,89 de la masa de Júpiter.

b)      Epsilon Eridani: Es una estrella muy parecida al Sol (no es doble y se encuentra en la secuencia principal). Está ubicada a 10 años luz de distancia. Es del tipo K-2, con magnitud visual 3,7. Su luminosidad es de 0,3 y es de color anaranjado con 4500º C de temperatura en su superficie. Esta estrella despertó interés porque entre 1960 y 1961, astrónomos de Virginia detectaron señales rítmicas provenientes de sus inmediaciones. Las mismas señales aparecieron en 1969, esta vez captadas por astrónomos rusos. Desde entonces ningún radiotelescopio volvió a registrar señales desde dicho punto del cielo.

c)      Tau Ceti: A 11 años luz, es otro sistema simple del tipo G-8, prácticamente una melliza del Sol (lo que despertó el interés de los investigadores). Su magnitud visual es de 3,5. Es de color amarillo, encontrándose también en la secuencia principal, con casi 6000º C de temperatura superficial, pero sin vestigios de planetas o señales extrañas hasta ahora.

d)      Beta Píctoris: Estrella del tipo A, de color blanco y magnitud visual 3,9. Ubicada a 78 años luz de distancia, con 8000º C de temperatura. Eclipsando su luz de manera artificial, se pudo ver un disco de polvo y hielo alrededor del plano ecuatorial de la misma. Posiblemente se trate de un sistema planetario en formación.

e)      Alfa Centauri: Éste es un sistema triple, considerando la enana Próxima Centauri, invisible a simple vista. Se encuentran a 4 años luz de distancia, y las dos componentes brillantes son similares al Sol en cuanto a masa, brillo y temperatura. Estas dos estrellas están separadas por una distancia que oscila entre la distancia de la Tierra a Saturno y de la Tierra a Plutón. Recientes cálculos de astrónomos canadienses y norteamericanos hicieron notar oscilaciones extrañas para cada componente del sistema, lo que haría suponer la presencia de planetas orbitando cada estrella a distancias similares a las que orbitan Venus y la Tierra del Sol. No obstante, la detección de estos planetas ha sido hasta ahora imposible, y sólo existen en teoría.

   

Conclusiones finales:

  Hasta el momento, nuestra tecnología actual no nos ha permitido poder visualizar ningún planeta más allá del Sistema Solar. El mismísimo Plutón aparece como un pálido punto luminoso que no aporta nada de información relevante hasta para el Telescopio Espacial Hubhle. Falta desarrollar nuevas herramientas que permitan oscurecer el brillo intenso de las estrellas que se sospecha, tendrían planetas a su alrededor, ya que el brillo que estos reflejan es miles de veces menor al brillo emitido por dicha estrella, por eso se hace tan difícil observarlos, y debe recurrirse a otras técnicas de descubrimiento.

                       

El Quinto Hombre  
 

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