SANTA BRÍGIDA DE SUECIA, EL CAMINO DE SANTIAGO Y EL MUNDO ESCANDINAVO. PROYECCIÓN EN AMÉRICA. - Nota III

Redacción EQH



LA UNIDAD

"La urgencia misionera que iluminó el itinerario de Santa Brígida desde el norte al sur del continente europeo hace de ella un ejemplo a imitar; sobre todo la obra de la nueva evangelización de Europa. ¡Santa Brígida de Suecia es, en efecto, una santa en dimensiones europeas!" con estas palabras, Juan Pablo II dirigía a las Religiosas Brigidinas su carta apostólica, el 8 de Septiembre de 1991 en ocasión del IV Centenario de la Canonización de la Santa Sueca, que algunos años antes Pablo VI había definido "un firme puente de unión entre Roma y Suecia".
Brígida es, por tanto, símbolo de la unidad y de la catolicidad de la Iglesia. Vivió en el alto Medioevo (1303-1373) marcado por muchas divisiones, por interminables guerras fratricidas, por desequilibrios económicos y políticos, por divisiones religiosas y amenazas de cismas en la misma Iglesia Católica.
Por su naturaleza, pero todavía más por su vocación, Brígida fue un espíritu de reconciliación y de paz. Su casa de providencia, su permanencia en la corte real de Suecia como consejera en el gobierno del reino y sus viajes por las varias naciones europeas la familiarizaron con los problemas relacionados con la diplomacia, la política y el gobierno de los pueblos. Lo cual le permitió comprender la situación de Europa y los problemas de la Iglesia, por la cual se prodigó a fin de que el Papa dejase Aviñón y volviese a su sede de Roma.
Trabajó intensamente por la paz en Suecia, en Francia, en Italia y en Inglaterra, desgarradas por las facciones, revueltas y guerras. No dudó en recordar los deberes propios a los reyes, jefes políticos, prelados y al propio pueblo. Sería difícil nombrar un lugar en Europa que no haya sentido la influencia de su actividad por la paz temporal y por la reforma religiosa.
Después de más de seis siglos Santa Brígida sigue siendo símbolo de la unidad y de comunión y un signo de esperanza.
La Santa se presenta como "profeta de los nuevos tiempos porque, en la encrucijada de los acontecimientos humanos de su tiempo y en el rápido transcurrir de los siglos, reclama con fuerza la necesidad de la renovación interior, radicándose en los valores permanentes del Evangelio" (Juan Pablo II).
La oración, que con simplicidad manaba de sus labios, la vivió con plenitud: "Oh Dios, muéstrame tus caminos y haz que sea feliz al seguirlos" ¡pueda hoy todavía esta mujer y esposa y madre, gran mística del norte, indicarnos el verdadero camino a recorrer para acelerar la hora de la unidad!
El compromiso por la unidad de los cristianos encuentra constante fundamento en una seria reflexión ecuménica que se materializa en momentos de estudio, seminarios y encuentros; en la hospitalidad con finalidades ecuménicas y en el favorecimiento de encuentros de espiritualidad, sobre todo a nivel juvenil.
Con tal finalidad han sido fundados por las Religiosas Brigidinas algunos Centros de espiritualidad y actividad ecuménica en todo el mundo. Estos reciben Encuentros Internacionales de Estudio, Encuentros y Retiros ya sobre la figura y mensaje de Santa Brígida, ya sobre las interesantes perspectivas de diálogo ecuménico e interreligioso entre las diversas Iglesias. Además en los países en vías de desarrollo (India, México), las Religiosas Brigidinas conjugan perfectamente la actividad de evangelización con la más exquisita promoción humana, sobre todo a favor de las mujeres y de las jóvenes necesitadas. No faltan casos, como en la India, de adopción de poblados enteros, con la finalidad de poner en marcha allí un proceso de desarrollo social, económico, cultural y religioso en el pleno respeto de las tradiciones y costumbres locales. La actividad y hospitalidad en los países occidentales tiene como finalidad primaria el servicio ecuménico y presenta como un ejercicio de exquisita caridad y de calor humano y espiritual para que, a todos aquellos que, quizás ricos en bienes materiales, viven en una profunda pobreza interior y están a la búsqueda de nuevos horizontes, les dé sentido a sus vidas.

LA UNIDAD EN EL TERCER MILENIO

El siglo XX de la era cristiana, caracterizado por la caída de los muros y de las ideologías, ha quedado fuertemente marcado por muchos conflictos, por dos guerras mundiales, por la terrible bomba atómica. El alba del tercer milenio no puede no recibir el mensaje de Santa Brígida y de la Madre Elisabetta: dos mujeres que han dado la vida por la unidad.
El mensaje de Brígida reclama a los responsables de las naciones, a los políticos, a los científicos, a los hombres de cultura y a los eclesiásticos a que piensen en la aventura humana en términos de comunión y de la unidad: unidad política, unidad en la colaboración económica y en la división de los bienes, unidad de los creyentes. Unidad como palabra definitiva de la paz entre los pueblos y las naciones. Es con esta mentalidad que las hijas de Brígida quieren contribuir a crear en el alba del tercer milenio, con el don de la vida y el testimonio de un mensaje evangélico, dirigido sinceramente a todos, referente a la paz.
"Señor, muéstrame el camino": camino que el Señor ha trazado como recorrido obligado hacia la unidad y la abnegación de sí y la cruz, como actos sublime de una pura y gratuita entrega, por esto el lema brigidino es "Amor meus crucifixus est"; que sintetiza el amor a la humanidad del Verbo que ha consumado su misión en el drama del Calvario. De hecho, como signo distintivo de este "amor crucificado", las Brigidinas sobre el velo negro llevan una corona de tela blanca con cinco signos rojos, en perenne recuerdo de las cinco llegadas del Divino Salvador.
El misterio de la Encarnación y de la Redención encuentra admirable expresión en la Eucaristía, cuerpo y sangre de Jesús donados para la plenitud de la comunión de todo el género humano con Dios. Las Brigidinas dedican cada día unas horas a la adoración solemne, personal y comunitaria de Jesús Eucaristía puesto en el altar para que pueda atraerlo todo a sí.
Tarea primordial y de mayor importancia para las Brigidinas es dar gloria a Dios alabando al Señor a través de la sagrada liturgia, fuente y culmen de la vida de la Iglesia. En particular la Liturgia de las Horas encuentra atención en la jornada de las Brigidinas en cuanto marca el tiempo del hombre insertándolo en el tiempo de Dios y hace que toda la acción tenga de ÉL su inicio y en ÉL su cumplimiento.
La caridad y la adoración encuentran alimento en la relación cotidiana con la palabra de Dios, según la enseñanza de Santa Brígida que llamaba a las Escrituras "su tesoro más preciado". Ya que de la lectura y la meditación de los libros sagrados se puede aprender a amar a Dios, y a través de las palabras de Dios se puede conocer también su pensamiento y su voluntad.


FIN DE LA NOTA


 

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