La mecánica cuántica confirma la inmortalidad del ser



Por Gabriel Moschitta
Alumno de la disciplina metafisica SABIDURIA DEL SER






Hace casi un siglo el ser humano comenzó con el descubrimiento de hechos trascendentales. Científicos como Planck, Einstein, Bohr y Heisenberg trastocaron nuestro viejo paradigma.

Increíblemente seguimos pensando en falso. Cautivos de nuestra personalidad, afianzada por ideas incorrectas creemos ver un mundo que es fantasía pura.

Gracias a este espacio que nos brinda el profesor Zerpa, en un artículo anterior “De qué estamos hechos los humanos”  he tratado de dar mi punto de vista sobre nuestra verdadera esencia, a continuación trataré de ampliar el concepto.

Si nos parásemos frente a un espejo y permanecemos inmóviles, nuestros sentidos dirán que estamos quietos,  sin embargo si me viese desde una nave espacial vería que estoy girando junto a la Tierra a 1.600 kilómetros por hora. Podemos decir que hemos permanecidos en esa posición diez minutos pero para alguien que en ese lapso hubiese viajado a la velocidad de la luz habrían pasado cientos de años. La disgregación que hacemos en meses, días, horas, sirve tan sólo para nuestros sentidos en este mundo tridimensional en que nos movemos, si pudiésemos prescindir de ellos y emplear sólo la conciencia estaríamos en tiempo cero, la eternidad.

Me puedo tocar y sentir que soy sólido, sin embargo una partícula subatómica me atravesaría fácilmente ya que para ella los átomos que forman las moléculas de mi cuerpo estarían separados cientos de kilómetros. Esas moléculas agrupadas forman las células del cuerpo humano. Ellas producen en cada segundo seis billones de funciones, de acuerdo a su ubicación (hígado, páncreas, corazón, cerebro) y están regidas por nuestro sistema nervioso autónomo. Sin darnos cuenta y mientras leemos estas líneas exhalamos átomos de hidrógeno, oxígeno, carbono y nitrógeno que estaban encerrados en nuestro cuerpo, pero así como salen, vuelven a entrar otros constantemente para renovar las células que se descomponen. Una danza continua de vida y muerte. El órgano más grande que poseemos, la piel, se renueva totalmente una vez al mes y en un año el 98% de los átomos que componen nuestros órganos serán nuevos.

Ahora bien, una roca puede sufrir la erosión del viento, oxidación, humedad, y otros procesos destructivos, la diferencia es que aún sufriendo los mismos procesos, nosotros podemos renovarnos. Lo hace el sistema nervioso central pero somos los únicos incluyendo al reino vegetal y animal) que tenemos conciencia de ello.

La teoría del Big Bang, explica  que el tiempo y el espacio se formaron  luego de la gran explosión dando lugar a las galaxias, nebulosas, quasares, planetas y también a los átomos que nos conforman. La física cuántica descubrió que esos átomos están compuestos en un 99,9999 %  de espacio vacío y que las partículas subatómicas confiscadas en pequeñísimos reductos se mueven a  grandes velocidades como puñados de energía codificada para formarlos (oxigeno, helio, carbono). Los espacios vacíos a los que nos referimos, están vacíos de materia pero llenos de información. A nivel atómico cualquier objeto puede ser comprendido en términos de interacción de esa información y es nuestra conciencia la que mide su naturaleza.

Frase de un Sutra: “la forma es el vacío el vacío es la forma…”

Frase de Tao Te King: “Lo que está a medias será completado. Lo que está torcido, enderezado. Lo que está vacío, llenado. Lo que está viejo renovado”

El hinduismo, el budismo, el taoismo y en menor grado el cristianismo  nos han enriquecido con  maestros que captaron el flujo de esa información. Pero nuestro pensamiento occidental del “si no lo veo no lo creo” hizo caso omiso a esas enseñanzas. Ahora la mecánica cuántica confirma la existencia de esa energía que forma todo aquello que existe y le da vida. En India lo llaman prana (energía vital). En China el Chi (aliento cósmico). Los cristianos espíritu santo.

La duda de saber si seguiremos existiendo después de la muerte la tiene nuestro ego y como tal éste desaparecerá. Nuestra alma (conciencia) es la que se unirá a la inteligencia eterna que brinda información a esa vacuidad que forma al universo.


Por Gabriel Moschitta

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