NOTA EXCLUSIVA
LOS CONDICIONAMIENTOS


DESDE TORONTO - CANADA
Por CARLOS CASTAÑEDA



Como humano orientas tu vida y das dirección a tus cosas guiado por conceptos mentales que dan un orden a la forma como las ejecutas, desviando la dirección natural que surge de la Creación.

De niño has desarrollado una identidad central asumiendo cosas de ti mismo y del ambiente físico temporal en el que estás inmerso. Así transitas tu vida, inicialmente temeroso y confundido por la relación que te toca emprender con el medio que te rodea. Te adaptas hasta convertir tus actos en una automatización forzada, que sólo será superada por tu decisión de redescubrir tu Esencia humana.

El control al que eres sometido es tan profundo comparado con lo que debería ser tu vida real, que ésta te relega e ignora. Tu fuerza surge al mundo a través de tu limitado ego que te permite vivir amarrado a tu precaria situación.

   
¿Están esos conceptos preconcebidos

Son hábitos, costumbres y creencias que han sido traspasados de generación a generación y forman parte casi indestructible de ellas. La humanidad vive dormida y fugada de lo esencial, y arraiga sólidamente un imaginario colectivo que permanecerá hasta que no se decida a su liberación.

Es tan profundo el dogmatismo que, en muchos casos se han roto algunas cadenas que causan dolor, pero éstas se siguen manteniendo con el transcurrir del tiempo. El remedio es la ilusión que se vuelve inercia, puesto que está basada en una solución mágica de los problemas.

Ten en cuenta que has despertado en un mundo irreal, y que debes quebrar tus arraigos para realizar el cambio que te llevará al descubrimiento de lo que hoy no puedes contemplar.

 

¿Cómo se manifiestan esos arraigos?

Están reflejados en tus acciones, actitudes y comportamientos; pero desconoces que persisten encadenados a condicionamientos que influyen la ma­nera como desenvuelves tu vida. Están amarrados pro­fundamente.
               
Por ello, al no alcanzar los resultados esperados, terminas rindiéndote y manteniendo el transcurso de tu vida sin saber cómo cambiar. Casi como el animal de circo que con cadenas transcurre su cautiverio; si es severamente provocado puede que intente despren­derse de ellas, aunque si lo dejan libre, sus viejos hábitos lo seguirán manteniendo cautivo.

El humano procede en forma semejante: existen condiciones para romper esos hábitos y creencias, sin embargo perdura y se mantiene lo que está arraigado.

 

¿Cómo son esas creencias?

Alimentan la conciencia y dan fruto a los pensa­mientos, haciendo de filtro en la interpretación de las cosas que pasan en la vida.

Además, las acompañan los sentimientos y se le alinean las acciones, queriendo prevalecer unos por encima de otros. Siguen gobernados, poseídos y ciegos; leales a la represión que permanece amarrada a raíces imbuidas de civilizaciones pasadas.

Así, en un tránsito consciente meramente superficial, se ha creado, enseñado y persistido en mantener y transcurrir la vida. Todo se resume en el esfuerzo por trabajar y educar para transmitir esas creencias de una generación a otra.

Por allí alguno de los moldes creados para generar estatuas se rompe y evade la represión alterando la normalidad de las cosas, dando lugar a una nueva perspectiva. Es la de aquéllos decididos a orientar cambios personales para contribuir con libertad.

 

¿Tan aferradas están, que llevan a desconocernos?

Están arraigadas tan profundamente que condicionan tu accionar y te hacen trabajar más duro de lo necesario para alcanzar cosas consideradas esenciales en la vida; te impiden que adviertas que ella provee todo lo indispensable para el regocijo del Ser.

 
¿Nos vamos adaptando?
 
Es que la conciencia busca constantemente evitarte el dolor y pretende, de esa forma, ayudarte a superarlo a través del gozo.

Muchas veces se desconocen los beneficios o perjuicios de las decisiones; sin embargo, se adaptan y modifican conductas para sobrellevar situaciones y seguir adelante. El empeño persiste para alcanzar una felicidad ilusoria, porque se desconoce qué es y cómo alcanzarla.

 
¿Cuáles son las vías para sortear esos arraigos?
 
Si consideras que los problemas y los inconvenientes que padeces o te suceden a lo largo de tu vida son usuales ya que perduran desde generaciones pasadas; o que todo seguirá igual sin poder cambiar lo que vives, entonces continuarás como hasta hoy.

Si, por el contrario, entiendes la importancia de recuperar la libertad, es primordial que asumas el condicionamiento que padeces. Al iniciar el proceso evolutivo, abrirás nuevas puertas y advertirás el camino inexplorado hasta el presente.

 
¿Por qué somos intransigentes a cambiar?
 
Eso sucede porque no tienes poder de decisión sobre tu Ser; te encuentras condicionado para tomar decisiones. Allí intervienen no sólo arraigos, también vivencias internas que están reflejadas en sensaciones, emociones y sentimientos que controlan la manera en que respondes a lo desconocido.

Como advertirás, la influencia con la que transitas tu vida es enorme; esto produce una resistencia para que te orientes hacia tu evolución.

 
¿Seguimos a deseos que son inválidos, y nos esforzamos por satisfacerlos?
 
Si bien desconoces cómo generas tus deseos, los relacionas muchas veces con los objetivos para tu vida y los consideras genuinos. Tras ellos desenvuelves tus acciones y resulta difícil concebir que, al buscar satisfacerlos, fortaleces la base de generación de tu sufrimiento.

A él lo produces, al plantearte la persecución de metas que están condicionadas desde su origen, porque llevan una pretensión anexa en el logro del resultado.

No quiero decir con ello que no debes fijarte objetivos o deseos en la vida. El problema es la alteración que sufre tu interior al sentirse forzado por alcanzar logros que son originados y proyectados desde lo exterior de tu Ser. Esto fuerza al emprendimiento de acciones que expanden violencia para alcanzarlos.

Ese desconcierto al que te ves forzado, te lleva a emplear todas las formas posibles para obtenerlos y el resultado, por lo general, no es lo que preveías.

Por lo tanto, se van sumando frustraciones por no conseguir lo que esperabas. Esto sucede la mayoría de las veces, pues tus deseos son producto de expectativas creadas; ellas se evaporan al toparte con los resultados.
               
Cuando enfrentas esas evidencias notas que tu fantasía proyectada hacia el resultado perfecto se disipó junto a las ilusiones que tenías. Estas situaciones acumulan mayor alteración en tu interior y se convierten en sufrimiento, al que transformas en violencia a través de las acciones que empleas en tu vida.

 

Continuará en la próxima edición.

Del libro EL CAMINO EVOLUTIVO .
Sabiduría Divina para el Milenio Espiritual - Lahun Ediciones.
Toronto Canada Febrero 2009- ISBN 978-0-9811417-0-1

 
 

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