NOTA EXCLUSIVA
EL UNIVERSO: UNA DANZA CONTINUA DE ENERGIA

Por Gabriel Moschitta
Agrimensor y alumno de Sabidurķa del Ser



Desde años memoriales, el hombre trató de descubrir la unidad básica de la materia. Los avances más significativos comenzaron en el siglo XX con la tecnología de avanzada. Los físicos pudieron explorar la estructura de los átomos descubriendo que se componen de un núcleo y electrones, y ese núcleo a su vez, de protones y neutrones también conocidos por nucleones.

Parecían estar cerca del “ladrillo fundamental” de la cual está compuesta la materia, pero la investigación posterior de las estructuras de los núcleos atómicos indicó que no era así, y comenzó el estudio de las partículas subatómicas. Éstas tienen dimensiones cien mil veces inferiores que las dimensiones atómicas por lo que su confinamiento en esos espacios tan pequeños las hacen moverse a velocidades muchísimo mayores que las confinadas en las estructuras atómicas. Para entender las propiedades de las partículas subatómicas debemos hacer uso de la teoría de la relatividad y de la mecánica cuántica.

Comencemos por la fórmula de Albert Einstein: E=mc² donde E es energía, m: masa y c: velocidad de la luz.  La energía adopta distintas formas, puede ser cinética (energía en movimiento), gravitacional, calorífica, química, eléctrica, pero hay que tener en cuenta que en física la energía está ligada con algún proceso o tipo de actividad. “Nada se pierde, todo se transforma” concepto que encierra  una de las leyes fundamentales de la física. Continuamos analizando la fórmula: la masa de un cuerpo es una forma de medir su peso, también es la medida de la inercia de ese cuerpo, si es más liviano es más fácil de acelerar que otro más pesado. Por último podemos decir que la velocidad de la luz al cuadrado es una constante, por lo tanto la teoría de la relatividad afirma que la masa es una forma de energía. Al considerar la masa una forma de energía no ha de ser indestructible sino que puede transformarse en diferentes energías. Esta comprobación se logró con la utilización de “aceleradores de partículas” haciendo chocar partículas subatómicas unas con otras, y logrando que la energía contenida en sus masas se transformen en energía cinética y se distribuyan entre todas las partículas que tomaron juego en esa colisión. Lo que debemos tener en cuenta es que la energía total empelada siempre se conserva. De este modo los físicos han descubierto que la masa de una partícula no es una “sustancia material” sino que está compuesta por haces de energía. Ya no podemos ver a las partículas como “bolitas de vidrio” (objetos estáticos), sino que dentro del contexto espacio-temporal son dinámicas. El espacio nos hace verlas como masa y el tiempo como procesos de energía.

La mecánica cuántica ha demostrado que las partículas no tienen ningún componente de materia, son sólo interconexiones en un entorno cuatridimensional. La física moderna ha creado decenas de partículas en forma artificial con esos procesos de colisión observando que viven menos de una millonésima de segundo. En estos momentos la ciencia busca una teoría cuántico-relativista que involucre un modelo para todo.

Cuando Einstein incluyó en su teoría de la relatividad a la gravedad de los cuerpos, generó la teoría general de la relatividad. Ésta involucró a cualquier cuerpo que vague por el universo y ayudó a la comprensión de sus funcionamientos a astrofísicos y cosmólogos. La fórmula es complicada pero en su concepto expresa que tanto en el mundo microscópico como en el macroscópico hay una interrelación entre un objeto y su entorno.  Para hablar del entorno de un objeto debemos tener en claro el concepto de campo. Un campo eléctrico es una particularidad del espacio que rodea a un objeto cargado eléctricamente y que producirá una fuerza sobre cualquier otro objeto que se halle con carga eléctrica. Si nos referimos a un campo magnético diremos que éstos son generados por cargas en movimiento (corrientes eléctricas) y sus fuerzas magnéticas serán percibidas por cuerpos con cargas en movimiento. Los campos pueden viajar en el espacio en forma de ondas (radio, luz, diversidad de radiaciones). Con la teoría de la relatividad los dos campos se unifican en un campo denominado electro-magnético.

 Trasladándonos al universo macroscópico podemos decir que la fuerza de gravedad de nuestro planeta o de cualquier otro cuerpo celeste es un campo gravitacional percibido por cualquier cuerpo sólido y las fuerzas que resultan de ello son fuerzas de atracción. Aquí surge una diferencia con los campos electromagnéticos pues sus fuerzas pueden ser de atracción o de repulsión. La teoría de la relatividad general expresa que donde haya un cuerpo sólido habrá un campo gravitacional y éste se manifestará como la curvatura del espacio que rodea a ese cuerpo. Según esta teoría la materia no puede permanecer independiente de su campo de gravedad, son un solo conjunto en el universo de cuatro dimensiones “espacio-temporal”. Si bien volvimos a utilizar el término materia, es para que nuestros sentidos entiendan el concepto, pero nada es sólido, ni en el macrocosmos ni en el microcosmos.

Ahora que tenemos el concepto de campo, volvamos al universo microscópico y combinemos esa teoría del campo con la física cuántica, así llegaremos a una teoría conocida como “electrodinámica cuántica” que describe las interacciones entre partículas subatómicas. Aquí encontraremos “algo” que atenta con nuestro sentido común, porque ese “algo” puede ser al mismo tiempo una cosa u otra. Las partículas subatómicas de la luz, fotones, pueden comportarse como “cuantos” (partículas) o como ondas electromagnéticas.

¿Cómo localizamos una onda-partícula? Los físicos descubrieron que depende de dos preguntas: 1)¿Dónde está? 2) ¿Cuál es su velocidad? En la primer pregunta circunscribimos a esa “onda-partícula” a una lugar convirtiéndose en partícula, en la segunda pregunta el movimiento es el factor importante por lo consiguiente la “onda-partícula” se convierte en una onda. Entonces la onda-partícula ¿es una partícula o una onda? Y de allí surgió el principio de incertidumbre de Heisenberg, cuando más conozcamos la ubicación, menos sabemos de la velocidad y viceversa. En el momento anterior a la observación podemos decir que su “identidad existe en un ámbito virtual”, y logramos traerla a nuestro ámbito sólo cuando efectuamos la medición. Esa medición convierte la posibilidad en realidad. Si queremos sorprendernos más, los físicos cuánticos realizaron un experimento comprobando que un átomo cargado es capaz de estar en dos lugares al mismo tiempo…

Estos significativos conceptos dieron origen al “campo cuántico” el cual se encuentra como entidad física presente en “todo el cosmos”. Recalquemos estos conceptos con un ejemplo: Si estoy mirando una mesa, la veo como un objeto sólido pero si la observo con un poderoso microscopio electrónico, veremos que está compuesta de átomos. Luego comprobamos mediante los aceleradores de partículas que esos átomos están formados por partículas subatómicos que no tienen solidez alguna, son simplemente haces de energía que se mueven en un campo cuántico lleno de energía e información. El mundo de los objetos sólidos está hecho de información contenida en energía que vibra en distintas frecuencias según el confinamiento a la que están sometidas. Nuestros sentidos no ven al universo como una red inmensa de energía porque el movimiento de las partículas subatómicas es demasiado rápido. Las partículas son condensaciones del campo, haces de energía que se entrelazan perdiendo de ese modo el sentido de “individualidad”.

Habiendo dado por sentado que la “onda-partícula” se comporta de una manera u otra dependiendo del momento que sea observada podríamos deducir que el Universo está compuesto de un potencial que está a merced de nuestra conciencia. Si no la medimos es una onda que vaga en “alguna dimensión”, pero al interponer nuestra conciencia, en la medición, se transforma en partícula.

En la realidad hasta una planta que está en frente nuestro es una imagen del pasado, en el momento que nuestro cerebro la procesa, esa planta ya avanzó en un nivel cuántico. Los saltos de los electrones que rodean a un núcleo atómico pasan de una órbita a otra “instantáneamente” (salto cuántico), no lo hacen a través del espacio-temporal y  aparecen o desaparecen de esas órbitas en forma probabilística.

John Bell en el año 1964 con el teorema que lleva su nombre describió la no localidad de las partículas y ello fue comprobado una y otra vez en el laboratorio. Las partículas están “entrelazadas” a determinada dimensión más allá del tiempo y el espacio. ¿En qué consiste el experimento? Si creamos dos partículas al mismo tiempo, éstas estarán “comunicadas”, y si enviáramos una al otro lado del universo y con aquella que nos quedamos la manipuláramos de algún modo cambiando su estado, instantáneamente cambiaría la otra para adoptar el mismo estado que la que tuviésemos en nuestro laboratorio. La mecánica cuántica desafía nuestra forma de pensar encaminándonos a un nuevo paradigma: en el mundo cuántico TODO SE TOCA TODO EL TIEMPO.

El hombre afronta nuevos enigmas cuya naturaleza parece pertenecer tanto a lo místico como a lo científico, de ese modo seguiremos bailando en esa danza de energía que conforma nuestro hogar “El Universo”.


Por Gabriel Moschitta
Agrimensor y alumno de Sabiduría del Ser

 
 

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