LOS LIBROS SIBILINOS

Por LUIS ALBERTO RUIZ

 

COMPARTIMOS CON NUESTROS LECTORES ESTE TRABAJO CORRESPONDIENTE AL LIBRO
“HISTORIA DE LA ADIVINACION”, UN EXHAUSTIVO ESTUDIO CRÍTICO DEL AUTOR SOBRE LOS METODOS ADIVINATORIOS DE LAS ANTIGUAS CIVILIZACIONES DE ORIENTE Y OCCIDENTE. EN ESTE CAPITULO, EXENTO DE TODO TIPO DE ESPECULACIONES, LUIS ALBERTO RUIZ ANALIZA LOS MISTERIOSOS
“LIBROS SIBILINOS” DE LA ANTIGUA ROMA, ESTABLECIENDO LÍMITES ENTRE FANTASÍA Y REALIDAD HISTÓRICA DE LOS MISMOS.-
                                                              (GENTILEZA EDITORIAL KIER, BUENOS AIRES)

A pesar de que todo lo que ha quedado de este célebre texto oracular son residuos apócrifos, reconstrucciones espurias, interpolaciones proféticas falsas, aún sugestiona la mente y seduce al erudito porque, ni siquiera el ajetreo redaccional que sufrieron los libros ni la total desaparición del cuerpo original, les resta el valor de documento que poseen, ya que, por lo menos, acredita el estado del pensamiento religioso de principios de nuestra era. Erróneamente, los LIBROS SIBILINOS se suelen atribuir a la sibila de Cumas itálica, cuando en realidad (aunque extrañamente) fueron escritos en griego por la sibila de otra ciudad llamada también Cumas, pero de Grecia (1). Desde luego, todo el trámite que siguió la sibila para vendérselos al rey romano-etrusco TARQUINO PRISCO EL SOBERBIO, es mera fábula. Recogidos de diversas fuentes, los datos aquí reunidos redondean esa leyenda.-

No se sabe cómo la Sibila se apersonó al rey Tarquino para ofrecerle en venta sus nueve escritos proféticos, que el monarca rehusó comprar. Entonces, la Sibila cumea quemó ante el rey tres de esos libros. Al rehusarse nuevamente quemó otros tres, y solo entonces Tarquino accedió a adquirirle los tres restantes, al precio que la mujer había pedido por los nueve. (Creemos que es el primer caso, si no el único, en que una sibila, adivina o vidente, vende ese material. Eso nos lleva a pensar también en la situación económica de estas personas).

Y era en estos últimos, según las tradiciones paganas, donde se consignaba el brillante destino de Roma. También en estos tres libros hay una mención de la sibila Pérsica, Saba, a la que el texto llama la “nuera de Noé”. Este detalle parece garantizar, no solo la antigüedad de las tradiciones adivinatorias, sino la realidad de las migraciones culturales y onomásticas. El simple nombre de Noé en la Roma tarquiniana nos revela justamente la apocrificidad de los LIBROS SIBILINOS (2) En cuanto a esos libros AUTENTICOS, una vez en su poder, Tarquino los confió a la custodia de dos sacerdotes (“duumviri sacrorum interpretes”). Más tarde, los tres libros originales se aumentaron a diez –primera desvirtuación- y en los tiempos de Sila llegaron a sumar quince. Esto hace suponer que, a los libros primitivos, los funcionarios augurales le agregaron los hechos adivinatorios ocurridos en la propia Roma y tal vez en otras partes. Aquel colegio sibilino del rey se levantó en el Capitolio, donde más tarde también funcionó el Auguráculo. Los LIBROS SIBILINOS tuvieron un destino desgraciado: fueron destruidos por el incendio del templo de Júpiter Capitolino el año 83 a. de JC, pero se dice que fueron reconstruidos –segunda desvirtuación- de memoria y parcialmente. Según noticias de antiguos autores, estaban escritos sobre hojas de lienzo y de palma, una parte en versos griegos y otra en “jeroglíficos alegóricos”.-

         

Aquella reelaboración fue realizada por los mismos sacerdotes que los guardaban y con partes oraculares de la sibila Eritrea de la Beocia (Grecia). Cuando Augusto accedió al cargo de Pontífice Máximo, quemó en un solo día 2.000 ejemplares. Otros autos de fe fueron cometidos por Juliano y por Honorio. Pero le tocó a Estilicón coronar tanto desastre; y en el año 405 d. de JC ordenó destruir todo lo que se había reconstituido, y desde entonces no se intentó una nueva restauración de los textos. Por otra parte –dice Cesar de Vesme- ya se habían cumplido todas las profecías. Por lo expuesto, es inútil insistir en que los libros sibilinos que circulan actualmente son TOTALMENTE INVENTADOS. Y por si algo faltara para asegurar su grado de inautenticidad, debe saberse que el texto actual contiene una “amalgama de ideas paganas, judías y cristianas. Son vaticinios sobre templos, ciudades, pueblos y reinos, a los cuales se mezclan, de tanto en tanto, sentencias morales y descripciones poéticas. Su contenido es tan oscuro que la palabra SIBILINO, como APOCALIPTICO, se ha convertido en sinónimo de INCOMPRENSIBLE y aun de desprovisto de todo sentido real”.-


          

El éxito y difusión de estos falsos libros sibilinos al principio de nuestra era se debió en gran parte a que contienen una predicción mesiánica, la de un rey grande y poderoso que debía nacer de una virgen y traer a la tierra una nueva Edad de oro, como la que creó Saturno en el Lacio. Pero éste era un tema ya viejo en las tradiciones religiosas de Grecia y Oriente cuando nació Jesús. La misma Egloga IV de Virgilio pareció predecir ese nacimiento virginal: “La Edad extrema predicha por la Sibila de Cumas llega a su fin; un nuevo y gran curso de siglos está a punto de comenzar. Ya la Virgen viene otra vez, con el reino de Saturno; una nueva raza nos ha sido dada por el cielo. Bien pronto el niño que va a nacer…”, etc. Esa Virgen ¿es la del año zodiacal esotérico y astrológico, o la del año precesional de los ocultistas, basada en la teoría o cálculo del Eterno retorno? No lo sabemos, ni sabemos si Virgilio practicaba un culto teosófico, aunque es probable que así fuera.-

Tanto fue aceptada la falsa predicción sibilina que, en el Concilio de Cesárea el rey Constantino DEMOSTRO que la Sibila Eritrea estaba inspirada por el Eterno, y que había logrado penetrar en la historia del advenimiento de Cristo en una sucesión de versos, cuyas primeras letras, en forma acróstica, componían la frase siguiente: “Jesús Cristo, Hijo de Dios, Salvador (de la) Cruz”. Por el mismo sistema, los cristianos primitivos sacaron el término ICHTUS (pez), convertido en símbolo y contraseña de los nazarenos.-

          

  1. Este asunto nunca fue dilucidado en forma definitiva. La Cumas itálica se hallaba en la Campania, y la sibila moraba en una gruta del monte Gauro. Cuando la Sibila moría de vejez, era reemplazada por otra; el lugar nunca quedaba vacío. Augusto, el primer César, que hizo quemar los libros, consultaba sin embargo muy a menudo a la sibila Deófoba, a la que sucedió AMALTEA, durante los reinados de Tiberio y Calígula. Cerca de la caverna de Cumas se levantaba un pequeño templo consagrado a Apolo y a su hermana Artemis, en recuerdo quizá de haber sido una colonia de eolios. Antes de efectuar visitas a la Sibila, era necesario realizar el sacrificio de un buey y una oveja a los dioses citados. Según los antiguos autores, la cueva era tan horrorosa como el antro de Trofonio, y estaba infestada de murciélagos. Las sibilas, o algunas de ellas, se emborrachaban de continuo. Al parecer, la sibila nueva debía habitar en la cueva junto al cuerpo momificado de la Sibila que le había precedido. La sibila que Eneas habría consultado antes de penetrar, vivo, en los Infiernos, era Demófila. El papel de las sibilas no parece tener conexión con el hecho predictivo organizado. Por lo menos, los autores antiguos las aparean simplemente con otras adivinas, pero no hay mucha insistencia en sus dones de clarividencia.-


  2. Apócrifo, del griego APOKRUPTO, en el sentido ya aceptado de inauténtico, no de “oculto”, que es el significado recto del término original. Podemos conceder que los navíos de Tarsis (TARTESIA, en España) hacían una escala en Etruria y la aldea de Roma, y que por esa vía se haya conocido el nombre de Noé. Nosotros no admitimos de ningún modo esta posibilidad. Esos navíos, en primer lugar, no eran israelitas, sino fenicios, que ignoraban todo de Israel, y más su oculta literatura religiosa. (Notas del Autor)

Por LUIS ALBERTO RUIZ

 
 

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