INVESTIGACIÓN POR JJ BENITEZ


 
“CASTELGANDOLFO”  
 

El suceso, registrado en julio de 1959, se mantuvo en secreto durante veinte años, y por expreso deseo del pontífice.

Tuve noticia del asunto merced a Higinio Alas, también sacerdote, y amigo de Francesco Capovilla, secretario personal del Papa Bueno.

En un viaje a Costa Rica, donde residía Alas, me contó lo siguiente:
-Francesco habló del suceso mucho después de la muerte del Papa. Una noche de julio, en Castelgandolfo, la residencia de verano del pontífice, Juan XXIII y su secretario se hallaban paseando por los jardines cuando, de pronto, vieron una estrella que se movía.

-¿Qué hora sería?

-No muy tarde; alrededor de las diez. Se quedaron mirando y hablaron. No se ponían de acuerdo. Entonces, la “estrella” empezó a bajar. El Papa y Francesco quedaron asombrados. ¡Era una nave!

-¿La describió?

-Redonda y muy brillante. Irradiaba luz por todas partes. Y la noche se hizo día. Contaba Francesco que podían ver los árboles, la tierra y el estanque como a plena luz del sol.

Y Alas prosiguió:
-La nave se mantuvo quieta en el aire. Entonces –decía- vieron aparecer un rayo de color amarillo. Era como un tubo de luz. Partía del aparato y llegaba a escasa distancia del terreno.

-¿No tocaba el suelo?

-No. Asombrosamente, el “tubo” de luz se quedó a un metro del jardín. Y por ese “tubo” surgió una criatura. Era humano, como nosotros, pero más alto y con unas largas orejas.

-¿Especificó la longitud de las orejas?

-No, solo dijo que eran más largas y puntiagudas que las nuestras. Pero lo más llamativo es que, al llegar al suelo, y salir del cono luminoso, la criatura apareció con un halo de luz a su alrededor.

-¿De qué color?

-Blanco. Y el ser saludó, alzando el brazo izquierdo. El Papa y su secretario cayeron de rodillas y empezaron a rezar.

-¿Por qué?

-Pensaron que se trataba de una visión divina…. Y en cierto modo lo era.

-…Al cabo de unos minutos levantaron de nuevo los ojos y comprobaron que la nave y el ser seguían en el mismo lugar. Y el Santo Padre tuvo una reacción, muy típica de él. Sin decir nada se levantó y caminó hacia la criatura de largas orejas. Francesco se quedó quieto, de rodillas.

Y según Alas, Juan XXIII y el ser luminoso conversaron durante casi media hora.

¿De qué hablaron?

-Francesco nunca lo dijo. Dudo, incluso, que lo supiera.
El Papa no lo dijo.

-¿Francesco escuchaba las voces?

-Sólo la del pontífice.

-¿El Papa entendía lo que decía el ser?

-Sí, perfectamente. Pero, según tengo entendido, fue una comunicación telepática.

-¿Y después?

-La criatura regresó a la nave, por el mismo camino, y ésta se alejó, en silencio. El Papa y su secretario quedaron muy impresionados. Juan XXIII estaba pálido.

Sospechosamente, poco después, Juan XXIII convocó el célebre Concilio Vaticano II

¿Hablaron de este tema? ¿Recibió el Papa la idea de convocar dicho concilio durante la citada “conversación”? Es más que probable…

 




 


 

 
 

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