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LA BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD

 

 

¿Quién podrá negar que siempre se está en la búsqueda de la felicidad? Tal vez, una de las mejores maneras resulte conjugar el lenguaje del AMOR y de esa manera abrirnos a SENTIR, aunque debamos transitar el sendero de las dificultades y el sufrimiento.

En el maravilloso camino de la vida nos gustaría que todo fuera felicidad, y eso es lo que buscamos constantemente desde que nacemos; de niños, la felicidad está centrada en la atención y el amor que nos brindan nuestros padres. A medida que vamos creciendo, necesitamos otras cosas, pero nos equivocamos en la elección. Comenzamos a gratificarnos con logros materiales o sociales, y allí comienza el problema, porque entramos en una carrera que no tiene fin y que lo que nos da son pequeños momentos de falsa felicidad que son seguidos de insatisfacción y la ansiedad por ir en pos de otra cosa, a través de la cual supuestamente lograremos la dicha.

De bebés, el centro de nuestra vida es nuestra madre. No tenemos conciencia de división alguna con ella: el amor que nos prodigue es esencial para nuestro normal desarrollo en todo sentido, físico, psíquico y espiritual; si eso nos falta o no es de la calidad que necesitamos, nos deja huellas que nos traerán graves problemas en nuestra existencia futura.
Las caricias, escuchar su voz  (aunque no comprendamos), la atención, el “estar” en todo momento, es lo que requerimos del ser que nos trajo al mundo porque a partir de allí comenzamos a “sentir” que existimos. El ser humano es el único ser que no puede sobrevivir si esto le falta.
Sentir la caricia de mamá en la piel, la amorosa mirada mientras nos amamanta, la protección en el abrazo, la dulzura en el dolor, la comprensión en la necesidad de atención; esas vivencias del amor más sublimes.
A medida que pasa el tiempo, al desprendernos de ella y tomar conciencia de nuestra individualidad, comenzamos a buscar en nuestro entorno los elementos que nos den placer.
Pero en definitiva, el modo y el medio de buscar la felicidad cuando somos adultos, estará ligada a nuestra experiencia en el pasado. Dependerá de cómo fuimos amados, cuidados y comprendidos.
Si nos faltó amor, lo buscaremos desesperadamente en las personas o trataremos de suplantarlo con cosas materiales y en ambas situaciones nos estamos equivocando.

Seguramente el interés de alguien hacia nosotros nos haga fantasear que es nuestra alma gemela y por esa necesidad desmedida de ser amados, pongamos en ese ser cualidades inexistentes para justificarnos.

Si tratamos de suplantar esa falta con ganancias materiales, la felicidad será breve y pronto estaremos en busca de otra cosa y así sucesivamente.

Siempre buscamos la felicidad afuera y de esa manera jamás la encontraremos; estará siempre supeditada a los demás. Esperamos que nos amen como nosotros queremos, no como ellos lo sienten, tratamos por todos los medios que la otra persona esté pendiente de nosotros y cuando no logramos esto, comienzan los fantasmas a rondarnos, provocándonos dolor y ansiedad y esto hace que torturemos al otro con nuestras sospechas y desequilibrios. Al final, terminamos destruyéndonos y devastando a quien tenemos al lado.
Qué difícil es entender y lograr el amor desde uno, desde adentro! Sentir ese fuego, esa vibración, esa plenitud, sin que el disparador sea el otro; amar por el amor mismo.

Algo parecido nos sucede cuando nos enamoramos; los que tuvimos la dicha de sentir eso alguna vez, por alguien, sabemos que es un estado ideal. Cuando no hay nada externo que lo produzca y uno lo siente con las misma intensidad, se puede decir que es la conexión con esa parte divina que todos tenemos, y a partir de allí dejamos atrás miedos, frustraciones, dolor, angustias, apegos. Porque comenzamos a vivir de otra forma: sentimos una profunda paz, una sensación de armonía y amor pleno; y este amor es diferente, es como si fuese una fuerza que se conecta con la fuerza de todo lo que existe y no solo con el ser que amamos. Se siente el impulso de demostrar y dar ese sentimiento amoroso como si a través de esto, ese amor propio se alimentara, creciera cada vez más.
Las circunstancias que se nos presentan a cada momento, nos dificultan el poder mantener este estado ideal continuamente y tenemos que estar muy atentos, tratando de no perder completamente esa sensación; todo depende del deseo profundo, de querer evolucionar. Esto nos dará la fuerza de estar centrados en ese sentimiento, aunque a veces tengamos momentos de flaqueza.

AMOR = FELICIDAD: esa es la fórmula; para algunos, conectarnos con esto es sumamente difícil y tal vez nos lleve años, tiempo de sufrimiento que no comprendemos; pero siempre la vida, en su maravillosa sabiduría, nos pone en el camino los elementos y las personas para poder sanarnos y de esa manera abrirnos a SENTIR; solo se nos pide una cosa: el valor y la voluntad de querer crecer.
Entonces a partir de allí comprendemos que tenemos todo a favor, nada en contra, solo hay que saber verlo.

Adriana Ferreyra

 

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