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COMO NOS CONECTAMOS CON LOS DEMÁS

 

Siempre tenemos la posibilidad de realizar “algo más” para relacionarnos con nuestros semejantes. De poner el corazón para poder conectarnos y sentirnos más unidos a través del amor. Vale la pena intentarlo y lograr así una comunicación más sincera.

Al acercarnos al otro, extender nuestra mano para estrechar la suya, diciéndole “es un  gusto“, sentimos diferentes sensaciones, a las cuáles no prestamos atención, salvo que rechacemos a la persona o nos despierte gran simpatía inmediatamente de conocerla.

Sería muy bueno tratar de conectarnos con nuestro semejante más allá de las palabras, esas que decimos por compromiso; vivimos  en una sociedad tan hipócrita que todos hacemos lo mismo, sabiendo que nos comportamos de esa forma  porque es lo que nos marcan las “buenas costumbres”.


En lugar de expresar al descuido ese “encantado /a”, que no nos significa nada, tratemos en ese apretón de manos o en ese beso en la mejilla, de conectarnos más allá, pensando que esa persona es esencialmente, igual  a nosotros y que las diferencias  sólo tienen que ver con los roles que cumplimos en la vida.

¿Por qué nos cuesta tanto entregarnos?. ¿Por qué colocamos una barrera ante el semejante a pesar de nuestra  sonrisa?. Es tanto el miedo que tenemos que nos lastimen, que vivimos encerrados en una armadura. Por supuesto nos protege pero nos quita también  la posibilidad de experimentar el amor por los demás.

Nuestras experiencias en el pasado, (seguramente no todas fueron positivas y tal vez nos enfrentamos  muchas veces con el desamor), el dolor de no ser aceptados, la traición y cantidad de hechos, nos abrieron profundas heridas que no hemos podido superar; así  inconscientemente  vivimos acorazados, negándonos la posibilidad de sentir.

Seguramente te preguntarás: ¿Cómo puedo despojarme de las corazas y enfrentarme al mundo sin que me lastimen?.
Trabajando el espíritu, fortaleciéndolo. Porque de lo contrario estaremos viviendo la mitad de la vida, encerrados en una cárcel que nosotros mismos fabricamos; no nos permitimos ser, sentir; siempre detrás de cantidad de máscaras, que usamos de acuerdo a la ocasión, pero esto no nos hace feliz; tal vez  tengamos ganas  de decirle a nuestra pareja o a nuestros padres o a  algún amigo, que lo amamos; pero no nos lo permitimos, por infinidad de motivos coronados por diferentes miedos; el ser sinceros y decir lo que sentimos nos hace vulnerables.


Tenemos un modelo que nos marca la sociedad, de ser distante, ganador/a, insensible y todas estas supuestas cualidades, además de una belleza física “X”; es lo que hace a un hombre o a una mujer triunfadores; esto nos da satisfacciones momentáneas pero en el fondo, estamos gestando un profundo vacío.

Todo el amor que tenemos dentro pulsa por salir; ésa es nuestra real naturaleza, ¿lo seguiremos ocultando?, ¿Lo seguiremos frenando? o nos permitiremos expresarlo.

¡Inténtalo! y te darás cuenta cuánto tiempo perdiste; no hay nadie que se pueda resistir a un auténtico abrazo amoroso, donde dos corazones se encuentran reconociéndose en el espíritu.
Miremos a los ojos tratando de conectarnos con el alma que tenemos enfrente, allí descubriremos la verdad del otro, no en su vestimenta, en su léxico o en su intelectualidad; esos son elementos que no hacen al verdadero ser, que vale la pena descubrir.
Haz la prueba, comienza ahora; cuando te encuentres con tus amigos, trata de verlos más allá. Más que verlos trata de sentirlos desde el corazón; te aseguro que te llevarás una gran sorpresa y a partir de allí, ambos se sentirán más unidos.

El Amor es mágico ¡cómo será de mágico que representa a Dios!, el Dios que todos tenemos adentro.   

Adriana Ferreyra

 

 

 

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