“En los 70 me decían loco, y ahora
me consultan sobre los extraterrestres”
Nota publicada en la REVISTA GENTE - EDICION 2265

 

Tiene 80 años, y hace medio siglo que estudia con pasión el fenómeno ovni. Antes fue bancario, actor (radio, cine, teatro, tele), pero en 1959 vio un ovni (“un plato volador”, recuerda), abandonó toda actividad, y se dedicó con alma y vida a investigar “qué misterios hay más allá de la Tierra”, y escribió 22 libros sobre el tema.  Sólo otra pasión mantiene: mientras espera un Contacto del Tercer Tipo, ama el tango…

Por Alfredo Serra, con Darío Ríos.


El año que viene cumplo medio siglo estudiando todos los fenómenos extraterrestres. ¡Cómo cambiaron las cosas! Pensar que en los 70 entraba a un bar, y la gente cuchicheaba: “Mirá, ahí está el loco de los platos voladores”, y ahora me paran, me preguntan, y me cuentas sus experiencias…”, dice Fabio Zerpa, que el cuatro de diciembre entró en su octava década. Hace veinte años que está en pareja con Adriana Ferreira (60). En sus oficinas del barrio del Once, se ufana: “Me citaron para el casting de una película de Carlos Sorín… pero me dijeron que daba demasiado joven”. Es uno y muchos. Uruguayo, bancario, profesor de Historia en Montevideo, psicólogo (Universidad del Salvador), actor ( y hasta galán…), tanguero, y por fin, el camino definitivo: las cosas extrañas que se ven en el cielo, tratando de descifrar el gran enigma y contestar la gran pregunta: ¿hay vida en otros planetas?

–No tuvo mucho tiempo de aburrirse…
–(Se ríe) Hice tantas cosas, que me parece mentira. En Colonia, donde nací, de botija era muy tímido y muy lector. Vocación que no paró: ahora, en mi casa de Capilla del Señor, ¡tengo cuatro mil libros! Los leí todos, y me gustaría volver a leerlos…

–¿Cómo y por qué llegó a Buenos Aires?
–De chico, caminando con mis padres por Colonia, veía las luces de esta gran ciudad y les decía: “Un día voy a vivir allá”. Irónicos, me contestaban: “Seguro…, seguro…”. Pero cumplí. A los 21 años renuncié al banco, abandoné tercer año de Derecho, y crucé el gran río para hacer teatro...

–¿Viajó solo?
–Sí, Y dejé un buen pasar: mi familia era de buena posición, y yo tenía un trabajo sólido. Me arriesgué a pasar hambre, pero el teatro me tiraba mucho. Aquí me esperaban dos queridos paisanos: Juan Carlos Mareco (Pinocho) y Julio Sosa. Con Julio pasamos días muy duros. Compartimos la pensión, y un par de noches dormimos en la Plaza de Mayo… ¡y en el tranvía 2, que iba a Liniers! El pasaje costaba diez centavos. Fue la pieza más barata que conocí… Julio decía que yo era como su hijo. Después fue un grande, pero el éxito le duró apenas cinco años: el 26 de noviembre del 64 se mató en un accidente de auto. Tenía apenas 38 años…

DE LA TIERRA AL CIELO. Pero sobre sus años en la farándula (ver recuadro), que lo instalaron muy cerca del estrellato, cayó un telón prematuro y misterioso. Si en Colonia y de chico lo seducían las luces del centro –de Buenos Aires–, y después las de los sets y las del espejo de los camarines, pero todo en el planeta Tierra, de pronto empezó a mirar el cielo, y las cosas sucedieron así…

–Los ovnis. ¿Cómo, cuándo, por qué, por curiosidad, por miedo?
–La bisagra, la noche de epifanía, fue el 17 de noviembre de 1959. Viajaba en un avión de la Fuerza Aérea Argentina, y de pronto, el piloto y yo vimos un extraño objeto luminoso que se movía en el cielo con trayectorias que no correspondían a un aparato manejado por humanos. “¿Qué es eso?”, le pregunté, y el piloto me contestó “Es un ovni.”, siglas de Objeto Volador No Identificado. Apenas cuatro letras, pero un nuevo mundo.

–¿Se interesó, o…?
–¿Interesarme? Me atrapó para el resto de mi vida. Todo cuanto había hecho hasta entonces quedó atrás. Me conecté con especialistas de todo el mundo. Publiqué durante casi veinte años la revista Cuarta Dimensión, ¡y escribí veintidós libros!

–Era el momento de trascender, pero desde otro ángulo…
–Sin duda. Empecé a dar conferencias, pero venían diez, doce, una persona, a escuchar al loco de los ovnis. Sin embargo, me abrí (o los ovnis se abrieron) camino. El periodista Alfredo Garrido me contrató para dar charlas en el teatro Embassy, y comenzaron a llenar la platea. En el Colón de Mar del Plata hice temporadas con cuatro funciones diarias, y después empezaron las giras. Pero nobleza obliga: ustedes, la revista GENTE, me ayudaron mucho. En el 68, almorzando con Mirtha Legrand en el Canal 9, llegó un muchacho para entrevistarme: Víctor Sueiro. Y su nota les abrió la cabeza a muchos.

–Bueno, no era fácil creerle. No a usted: a los ovnis…
–Por cierto. Porque casi todos los terrestres creen que estamos solos en el Universo –un acto de infinita soberbia– , y a los investigadores del fenómeno ovni nos toman por locos, o por vivos que encontraron un curro. Error, porque como actor hubiera ganado mucho más dinero…

–¿Los ovni no fueron negocio?
–Tengo la fortuna… de no tener fortuna. Mi único tesoro son treinta ahijados que tengo en dieciocho países, los diez mil alumnos y los casi once mil que me consultaron sobre sus vidas pasadas.

–¿Conclusiones?
–Que el miedo es la peor de las cárceles, y que lo único realmente humano es el espíritu. El siglo XXI será espiritual… o no será. Y eso, gracias a la fuerza creativa de las mujeres. Diosas de verdad, porque pueden dar vida…

–¿Habrá contacto con los extraterrestres?
–Ellos están aquí, y ese tiempo llegó. Tienen mayor tecnología (asombrosa, en realidad), y son pacíficos. En el 78, James McDonald, vicerrector de la Universidad de Tucson, Arizona, anunció que los humanos debemos evolucionar hacia ese contacto.

–¿De dónde vienen?
–Hay cien mil millones de sistemas planetarios como el nuestro, y un millón de civilizaciones tecnológicamente más avanzadas. Desde nuestra galaxia, la Vía Láctea, y de otros mundos, paralelos y hasta invisibles, llegan viajeros del Tiempo…

–¿Los humanos estamos preparados para un Contacto del Tercer Tipo, un cara a cara con esos seres?
–Evolucionamos mucho. En 1968, el problema interesaba a 23 argentinos de cada cien. Hoy, 92 cada cien aceptan que hay vida extraterrestre. El egocentrismo va quedando atrás…

–Pero al mismo tiempo maltratamos nuestra única casa, la Tierra…
–No por mucho tiempo, porque el Hombre ya tomó conciencia. Vamos hacia otro mundo: mujeres al poder, un presidente negro en los Estados Unidos, la nueva China… La Era de Acuario traerá agua, el elemento que limpia, y con el que bautizan todas las religiones.

–¿Su contacto con la ciencia lo alejó de Dios?
–No. Aprendí muchas cosas. Por ejemplo, que la muerte no existe: morir es volver a casa, porque nuestro hogar está arriba, y venimos a esta escuela para aprender. Dios existe. No hay duda alguna.

–¿Piensa en la muerte, aunque crea que no existe? ¿Cómo maneja este conflicto?
–Con proyectos. Un libro biográfico que se publicará el año que viene. Un CD: algo así como un viaje al cosmos musical con relatos míos y música de Hugo Vistolfi, el tecladista de Rata Blanca, y de otros rockeros nacionales. Charlas de divulgación que acabo de dar en el Centro Cultural Borges. Pero antes de partir de la Tierra e ir al Mar de la Serenidad, me gustaría volver al cine. Ojalá me llamen…

Zerpa y E.T
Según nuestro mayor ovnílogo, el E.T nacido del genio de Steven Spielberg es mucho más que una fantasía cinematográfica. “Los extraterrestres vienen, nos estudian, y están entre nosotros”, jura.

Tiempos de farándula
Antes de consagrarse al estudio de los ovnis, Zerpa fue pianista de jazz, actor de teatro (“Hice Shakespeare, Moliére, y trabajé con grandes como Alfredo Alcón y Norma Aleandro”). En el viejo Canal 7 hizo la tira Operación Cero. En el 9, Mujercitas, la primera telenovela de ese canal. En el 13 pasó los mismos años: trece. Otros clásicos en los que anotó su nombre: El amor tiene cara de mujer y Alta comedia. Actuó en catorce películas. Lo último: La pecosa, con María Leal (1972). Fotos: de izquierda a derecha, actor de radioteatro en Radio Splendid, Operación Cero en Canal 7, Más allá de la Cuarta Dimensión, que se vio en casi toda América y media Europa, y con Adriana Ferreira, su mujer desde hace 20 años.

“Sí, vi un ovni”
El 17 de noviembre de 1959, “mientras volaba en un avión de la Fuerza Aérea Argentina, el piloto y yo vimos un ovni. Ese episodio decidió mi vida”, recuerda, como en la foto en la que señala el cielo. Izquierda: uno de sus discos sobre el tema ovni.
Zerpa, GENTE, y un caso extraordinario
El 28 de octubre de 1973, en la ruta 3, a 18 kilómetros de Bahía Blanca y a la 1.15 de la madrugada, el camionero Dionisio Llanca (foto) denunció que mientras manejaba lo encegueció una potente luz, y que dos extraños hombres que bajaron de una nave lo capturaron, le sacaron sangre y lo liberaron. Sonó a invento, a superchería. Fabio Zerpa y GENTE investigaron el caso durante semanas. Llanca era un muchacho iletrado, inocente, no buscaba rédito alguno (ni monetario ni mediático), y bajo hipnosis y pentotal,  y en varias sesiones, repitió su relato sin baches ni fisuras. Pasó por médicos y psicólogos, con el mismo resultado: “No miente”, fue el diagnóstico. Hasta hoy, el caso sigue en sombras. 













 
 
 
 
       
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