“Nunca diría si tuve un contacto
extraterrestre cara a cara”

Artículo Diario Los Andes Gráfica y Online.
28 de marzo de 2009

Reconocido a nivel mundial por sus investigaciones sobre el fenómeno ovni, el uruguayo radicado en Buenos Aires llega a Mendoza para dictar unas charlas y un seminario en el auditorio Adolfo Calle que tendrán lugar hoy, mañana y el jueves.

Cumplió 80 años, tiene 20 libros editados y asegura que la muerte es un retorno al hogar. Para explicar esta frase que, sin la mediación de quien sostiene la teoría, podría entenderse como un cliché o una tautología sin norte es que Fabio Zerpa llega a nuestra provincia.

Viene a disertar, y ofrecer un seminario, al que titula “Morir es volver a casa” y esta actividad es una suerte de acontecimiento previo a la próxima publicación de su nuevo libro: “Fabio Zerpa tiene razón” (él se ríe mientras cuenta que fue una ocurrencia de la editorial Atlántida, que es quien organiza la presentación en el marco de la próxima Feria del Libro de Buenos Aires).

“Es un libro en el que está toda mi vida, con testimonios de Mirtha Legrand, China Zorrilla, Horacio Ferrer, Alejandro Fantino, Andrés Calamaro, y muchos otros amigos que, en una página, van trazando cada parte de mi vida”, dice.

Ahora, con un humor envidiable y una simpatía acuñada por modismos bien tangueros, el hombre que ha dedicado su vida a la investigación del fenómeno ovni charla largamente con Los Andes.

-¿Los personajes que figuran en su próximo libro, hablan de diferentes circunstancias de su historia vital o se restringen a sus años de investigación en relación a los ovni?

-Sobre toda mi vida. Por ejemplo, Horacio Ferrer habla de mi infancia, porque él es uruguayo y tanguero, como yo (Zerpa pertenece a la Academia Nacional del Tango). China (Zorrilla) me conoció en mi adolescencia.

Mirtha es la que me dio el primer gran reportaje, cuando la indagación sobre la vida extraterrestre todavía era un hobbie mío. Fue en “Almorzando con las estrellas”, en el ‘65, que hablé de esto por primera vez en público. Y, ¡fijate, ya estoy cumpliendo 50 años en esto!

-¿Hablar de morir, en esta etapa de su vida, a qué responde?

-(Lo dice con un convencimiento irreductible) 80 años es un minuto. Nosotros somos eternos y de esto es de lo que voy a hablar en Mendoza. La conferencia se llama “Morir es volver a casa” y en ella toco el tema de la eternidad: todas las religiones aceptan que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios y nuestra alma -a la que yo llamo “amigo invisible”- es la presencia de este gran personaje en nuestro interior.

Ese interior nuestro es lo eterno, que viene de vidas anteriores, vive esta vida y, cuando muere el cuerpo, sale de mí para ir a una entrevida.

-¿Cómo ha podido constatar esto?

-Voy a mostrar, en esa charla, esas fotos del alma. Tengo miles de testimonios al respecto.

-¿Qué es la entrevida?

-Es un intervalo entre una y otra vida física. Yo le llamo “mar de serenidad o tranquilidad” y, para los que somos católicos, es el cielo. Y vamos al lugar de donde venimos, por eso morir es volver a casa.

-¿Cómo obtuvo todas estas certezas?

-Yo soy universitario, tengo un profesorado universitario. Y he tenido por eso una formación ortodoxa. Pero afortunadamente, cuando vi un ovni en 1959, empecé a estudiar desde otro paradigma: heterodoxo, oculto, esotérico; que tiene tanto valor como la ortodoxia. Yo voy en el camino del medio. Empecé a estudiar porque siempre fui investigador y no me había dado cuenta hasta que vi ese ovni.

-¿Qué vio en 1959?

-Yo iba volando en un avión de la Fuerza Aérea Argentina, con un aviador militar. Habíamos salido de la Base Aeronáutica de Morón. A las 12.30, en pleno vuelo, a la altura de San Miguel, vi un aparato metálico de 150 metros de largo volando.

-¿Una cuadra y media de largo?

- Eso lo calculó el aviador, pero sí. Estaba a una distancia de 1.500 metros.

-¿Usted estaba investigando ya sobre los ovni?

-No. Estaba filmando una serie televisiva que se llamaba “Cóndores de acero” para el viejo canal 7. Yo hacía de un piloto al que le pasaban distintas cosas. Ese día me había invitado el capitán a hacer un vuelo y ese mediodía, a 800 metros de altura, me dice: “Fijate lo que tenés a la izquierda”.

Miré y, más allá de la cola del avión, venía ese aparato: cerrado, metálico, en total silencio, sin alas, sin hélices, sin despedir los gases propios de la incipiente cohetería espacial. Venía lentamente. Se detuvo a 1.500 metros, no se cayó, venció la fuerza de la gravedad e hizo un ángulo de 60 grados y se perdió rápidamente hacia el norte argentino. Giré la cabeza y dije: “¿qué es?”. El capitán me contestó: “Un plato volador”.

-¿Era como los que se ven en las películas?

-Era una nave-cigarro. Recordé en ese momento lo que fue el Zeppelin de mi niñez, que vino al Río de la Plata cuando yo era chico. Ese capitán me dijo, irónicamente: “Esto para algunos es un plato volador, para otros un arma secreta”. Ahí se despertó el investigador que hay en mí. Ese ovni me provocó un impacto de conciencia, porque me cambió la vida.

-¿Hay extraterrestres en nuestro planeta?

- Nunca diré si tengo un contacto, cara a cara, porque si lo digo van a pensar: “Este ya dialoga con extraterrestres y toma café con leche con ellos”; y no es verdad. Es un tema que a veces produce delirios en la gente.

Hay que tener mucha mesura. La palabra extraterrestre no quiere decir marciano sino fuera de lo terrestre, mas allá de lo terrestre. De lo que hablamos es de viajeros del espacio. Con el doctor Jacques Vallée, que fue asesor del mapa del planeta Marte para la Nasa, empezamos juntos a indagar en la ovnilogía. Yo lo traje al país hace 20 años e hicimos investigaciones conjuntas. Es importante aclarar los términos: somos ovnílogos, no ufólogos.

-¿Cuál es la diferencia?

- El ovnílogo es el que estudia y trata a los ovni. En los hispanos hablamos de ovni y no de ufos, que es la palabra inglesa que corresponde a ovni.

-¿Por qué no hay un contacto público y fluido con los seres extraterrestres si ellos visitan asiduamente nuestro planeta?

- Demuestran una tecnología totalmente superior a lo que el hombre ha hecho en el 2009. Los ovnis -que vienen de la Segunda Guerra Mundial-, en estos 60 años no invadieron, cuando podrían haberlo hecho con toda esa tecnología. Si se tratase de humanos, vos lo ponés a Bush en un plato volador, ¡y sonamos! (ríe).

-¿Por qué, entonces, no hay un contacto fluido?

-Yo viví en 18 países y, por mis investigaciones, puedo decirte que hay varias causas por las que no se contactan. Primero: que no les interesamos. Es simple: vienen al planeta y no quieren contactarse con nosotros. Es lo mismo que nosotros hacemos, por ejemplo, con los africanos pigmeos: sabemos que existen, pero no nos contactamos con ellos. Vos vas por la avenida San Martín y no te vas contactando con todas las personas que pasan por allí.

Segundo: hay otros que vienen a estudiar el planeta y buscan el contacto científico (también son los que hacen contactos de cuarto tipo, abducciones; es decir que introducen a una persona dentro de la nave). Tienen un interés científico en nuestro plantea: vienen a estudiar.

Los que más me interesan son los que quieren venir a contactarse paulatinamente y dan cada vez más señales, para un futuro contacto en el siglo XXI.

-¿Conoció gente a la que han abducido extraterrestres?

-Más de 500 personas en el mundo que han viajado. Y hay científicos, como Daniel Fry -que es científico de la Nasa-, que han estado dentro de una nave extraterrestre. Fry es el creador de los trajes espaciales. Lo conocí en Estados Unidos.

-¿Por qué la comunidad científica niega todo esto?

-Eso era antes. Ahora, en los últimos 10 años, 85 por ciento de los científicos del mundo acepta la presencia de vida extraterrestre en el planeta Tierra.

-¿Cómo se conecta todo este conocimiento con el motivo de su charla en Mendoza?

-Es la cultura del futuro y ellos están prácticamente en el futuro; porque, como decía Einstein en el ’52, los ovnis existen pero no son viajeros del espacio como cree la gente sino viajeros del tiempo. Viajeros del espacio, mundos paralelos y del tiempo, y el tiempo es esa dimensión en la que podemos hablar de la eternidad.

“Morir es volver a casa”, es el estudio que hice desde el ’71, respecto de que existen vidas anteriores y nuestro espíritu es eterno. En todo este tiempo he hecho once mil consultas en 18 países distintos. A Carl Sagan, ¡un gomía! (ríe).

-¿Lo conoció?

Claro! Compartíamos la visión con Sagan. El verdadero Sagan es el de “Contacto”.

Él lo pide, sinceramente y con la voz quebrada por la emoción. Por eso lo contamos: “Yo siento algo muy especial por Mendoza: en el ’68, cuando vine al Cóndor, tuvieron que cortar la calle con dos patrulleros porque se llenó el lugar. Me emociona porque es el reconocimiento a la labor de un hombre. Y esa emoción tiene relación con la capacidad de asombro del niño que tengo adentro”.

Patricia Slukich (pslukich@losandes.com.ar)
















 
 
 
 
       
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