SANTA BRÍGIDA DE SUECIA, EL CAMINO DE SANTIAGO Y EL MUNDO ESCANDINAVO. PROYECCIÓN EN AMÉRICA. - Nota II

Redacción EQH



EL LLAMADO A LA UNIDAD DEL TERCER MILENIO

LA ORDEN DE SANTA BRÍGIDA DE SUECIA

La Orden del Santísimo Salvador y Santa Brígida se extendieron rápidamente por toda Europa. Su espíritu y su celo apostólico contribuyeron poderosamente a potenciar los lazos de la unión en diversas naciones.
La actividad en el campo cultural fue muy grande a finales de la Edad Media. Muchos brigidinos fueron obispos, profesores de las universidades, como el gran teólogo Ricardo Reynols, martirizado por Enrique VIII y canonizado por Pablo VI, el 25 de octubre de 1970. Ellos tradujeron la Biblia a la lengua de los Países Escandinavos y fueron los monjes de Vadstena los que tuvieron la primera imprenta en Suecia.
Con la implantación de la Reforma Protestante desaparecieron casi en su totalidad, tanto los de varones como los de monjas. Fue un periodo en el que la
Orden alcanzó gran número de mártires y santos.
Los varones habitaban en clausura aparte de las mujeres, y el superior llamado Confesor General era el Prior de los monjes, todos ellos subordinados a la Abadesa, ya que hacía las veces de Virgen María de la Iglesia naciente, desde Pascua a Pentecostés, y por lo tanto -según Brígida- era su cabeza visible. Ésta es la peculiaridad de la Orden, la preeminencia de la Abadesa en monasterios dobles, donde hasta entonces tenía el Abad.
Hoy la Orden del Santísimo Salvador cuenta con tres ramas. Los monasterios que sobrevivieron a las calamidades de la guerra de los Treinta Años y a la Revolución Francesa constituyen la rama monástica más primitiva, a los que se añade el único monasterio masculino de Oregon, recientemente restaurado. Son monasterios autónomos sin ninguna vinculación jurídica común. Ya no son dobles, sino sólo de mujeres o de varones. En el elenco son los que están situados en Suecia, Inglaterra, Holanda y Alemania. Cada uno de ellos con un historial lleno de vicisitudes, zozobras y resurgimiento. Los de España y México deben su origen a la Venerable Marina de Escobar, mística vallisoletana del siglo XVII, comunidades que viven el carisma de Santa Brígida con peculiares matices que caracterizan a la segunda rama, llamada "Española".
Los monasterios de España están federados, las constituciones de los últimos fueron renovadas y acomodadas al nuevo derecho con vigencia definitiva, por aprobación pontificia del 25 de febrero de 1988. La federación de los mismos comenzó en 1959 conforme a la constitución apostólica Sponsa Christi de Pío XII.
Las primeras constituciones de estos monasterios, exclusivamente femeninos, son del año 1628 según la aprobación de Urbano VIII y la fundación del monasterio madre de Valladolid por el rey Felipe IV en 1637. Bajo las losas de la iglesia monástica descansan los restos de la Madre Marina.
A Valladolid le siguieron Victoria, México, Lasarte, Paredes de Nava y Acoitia. Al monasterio de la ciudad de México le sucedieron los de Puebla de los Angeles, Tijuana y Tecate. Por ultimo está la llamada "Rama Sueca".
Una nueva faceta de Santa Brígida la descubre y pone en vigor una compatriota suya, la Madre Elisabetta Hesselblad, nacida en Suecia el 4 de junio de 1870.
Mientras se encontraba en los Estados Unidos de América, trabajando como enfermera, guiada por el Espíritu Santo quiso entrar en la Iglesia Católica, pues era luterana. Después de luchas internas, oposición de la familia, guiada por un Padre Jesuita estudió a fondo la religión católica, y en 1902 fue admitida en la Iglesia Católica.
Estaba bastante enferma, sin esperanzas de curación, pero bajo los impulsos del Espíritu Santo acudió a Roma, se postró a los pies de San Pío X, le presentó sus deseos de hacerse con la casa donde había vivido y muerto Santa Brígida, que era un convento de carmelitas polacas. El Secretario de Estado del Santo Padre, el cardenal Merry del Val, pronunció esta frase: "es la mujer más extraordinaria de Roma". Se la llamó "la segunda Santa Brígida"; igual que a Marina de Escobar.
En 1911 renacía la casa y la obra de Santa Brígida en Roma.
En 1923, bajo el impulso de esta mujer vigorosa, la Orden, una vez más, marcó una página gloriosa en su historial, cuando después de trescientos años abrió una casa en Djursholm, en las afueras de Estocolmo.
En 1935, la incansable Madre Elisabetta condujo un pequeño número de hermanas a una modesta casa surgida a la sombra del gran monasterio de Vadstena, rebosante de vida religiosa hasta el tiempo de la Reforma, y ahora propiedad del Estado.

La nueva faceta de la Orden de Santa Brígida tuvo la aprobación oficial en 1942, por el Papa Pío XII, quien la reconoció como Orden del Santísimo Salvador y como "Monástica-Apostólica".
Mientras la Madre Elisabetta vivía, sus hijas se extendieron en tres continentes: Europa, América, Asia. Hoy forman ya un total de 23 Casas.
En 1927, en la Casa de Santa Brígida, Piazza Farnese 96, pasó de este mundo al del Padre. Sus restos reposan en el claustro de esta casa donde sus hijas pueden todavía comunicarse casi sensiblemente con ella para pedirle consejo y hablarle de sus alegrías y penas.

LA UNIDAD ES LA MISIÓN.

La unidad como finalidad especifica de la Orden, determina las intensiones de la oración, en particular la comunitaria, y de las obras de penitencia. Con el ofrecimiento total de su vida a Dios, las religiosas brigidinas esperan contribuir a realizar u obtener:
· Reparación por la separación de los pueblos o grupos del único rebaño de Cristo;
· Que finalice la dolorosa división entre cristianos, también porque se presenta como un gravísimo impedimento para la credibilidad del Evangelio;
· Conversión a la verdadera fe de los pueblos y grupos sociales que todavía no son cristianos o están descristianizados;
· Incremento y consolidación del sacerdocio ministral y de la vida consagrada al servicio de la comunidad.


LA OTRA SANTA BRÍGIDA. IRLANDESA - VIRGEN - TAUMATURGA

El rey irlandés Dubtach dejó embarazada a una esclava suya, pero por consideración de su esposa la vendió a un hombre llamado Magus. En casa de éste nació Brígida, que fue desarrollándose como una doncella de hermosura excepcional. Su padre se arrepentía de haberla rechazado e intentó en vano atraerla a su corte. Muchos deseaban hacerla su esposa, pero ella se había prometido a Jesús y le rogaba que la hiciera fea. Su ruego fue escuchado y la pérdida de un ojo desfiguró su rostro por completo. Entonces sus familiares le aconsejaron que entrara en un convento.
De un discípulo de San Patricio, San Mel, recibió el velo en el monasterio de Meath. En el mismo instante en el que le fue colocado el velo, recobró su ojo perdido y la belleza volvió a su rostro. No sólo personas víctimas de persecución, sino también animales hallaron refugio en este lugar, como por ejemplo patos y pollos huidos del cuchillo del carnicero. Cuando la santa ordeñaba a una vaca, ésta daba tanta leche como si se tratara de tres vacas.
Según la leyenda, en aquella celda tuvo origen lo que más tarde sería el monasterio de Kildare. Este atraía a tal número de piadosas jóvenes que, con los años, le siguió la fundación de otras abadías. Durante un viaje de visita por diversos conventos, Brígida enfermó y al poco tiempo falleció.
En torno a su sepulcro se encendió un círculo de fuego que las monjas de su convento mantuvieron vivo durante siglos. Les resultaba imposible penetrar en ese círculo la los varones.
Santa Brígida de Kildare (453-425), quien viviera casi un milenio antes que Santa Brígida (1301-1371) es arraigado culto en Irlanda y cuya fiesta es el 1 de febrero.


CONTINÚA NOTA III

 

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