VIAJE HACIA LA FELICIDAD - Nota I


Por Osvaldo Ricardo Noe - Argentina

 

¿Qué es en definitiva eso que llaman felicidad? ("El Malentendido", de Albert Camus).

La felicidad consiste en ir a cortar leña, o a buscar agua a la fuente, en hablar, en comer o en dormir. (Proverbio del Budismo Zen).

Se llama felicidad a un conjunto de circunstancias que permiten vivir con alegría. Pero se llama alegría a ese estado del ser que nada necesita para sentirse feliz. (Andre Gide).

El espíritu tiene fundamento bioquímico. (Borje Uvnas, farmacólogo del Karolinska de Suecia)

La felicidad podría ser definida como la plena satisfacción de las necesidades y aspiraciones de la sensibilidad, o como la suma de impresiones favorables que experimenta el ser, en su contacto con la realidad exterior.
Sea cual fuere la definición, es en definitiva el bien del ser, su estado ideal. Ser feliz es experimentar el placer de vivir como una continuación natural de la sobre vivencia; porque el ser puede tener lo necesario para sobrevivir y para su funcionamiento orgánico y mental pleno, sin conocer la felicidad. La misma puede experimentarse a posteriori como el resultado de un intrincado proceso.
En primer lugar el ser sobrevive, esto es, experimenta el normal desempeño de su organismo, y buscará vivir o sea sentir el placer de existir, que es la felicidad. Todo aquello que haga en su vida estará orientado a lograrla, es el fin último de toda acción humana, sea esta fruto de su instinto o expresión cultural, es siempre un medio para lograr este fin supremo.
La importancia de este valor hace que su presencia otorgue y su ausencia quite sentido a la vida, pues para que esta lo tenga es indispensable que la felicidad exista como realidad o como posibilidad.
Si el ser siente que no es feliz (realidad) y que ya no podrá serlo (posibilidad) se encuentra en la antesala de la negación de la vida porque ésta entonces pierde todo sentido.
El ser humano vive para ser feliz, si no lo es, hará todo por lograrlo. La felicidad es fruto de un proceso interior del ser, que utiliza lo exterior para revelarse y hacerse sensible.
Lo exterior es el ambiente donde la sensibilidad buscará proyectar su interioridad, el mismo deberá poseer las características favorables necesarias que le permitan desarrollar con plenitud sus atributos potenciales, esto es su capacidad de hacer sensible el placer de existir; el mundo exterior jamás es factor determinante para lograrlo, es solo la base donde la mente necesita apoyarse para producirlo dentro de si; en realidad cumple la función de catalizador químico, que permite a la mente desarrollar sus propiedades características, sacarlas a la luz, concretar lo que potencialmente posee.
Esta propiedad reveladora de lo interior que tiene lo externo constituye la base mínima sobre la cual la sensibilidad genera su estado ideal; sintetizando: la realidad exterior es a la sensibilidad lo que la pantalla al film, un instrumento.
Esta base de apoyo tiene dos niveles, la satisfacción de las necesidades vitales y la opción por los estados afines y favorables al ser que presenta la realidad. Ambos son necesarios porque constituyen: el primero, el sostén físico y orgánico del ser, asegura su funcionamiento satisfactorio, y el segundo el ambiente donde encuentre la comodidad mínima para poder actuar plenamente.
Es necesario subrayar el carácter no sólo interior sino independiente de lo exterior, de la felicidad. Una vez satisfechas las necesidades vitales y de opción por lo agradable, dos pasos fundamentales en el proceso de contacto con el entorno, están dadas las condiciones suficientes para que la mente produzca su propio estado ideal. La mente califica a la realidad como agradable, desagradable o indiferente, antes de optar, luego se identifica con una parte y evita o rechaza la otra. La calificación mental de lo externo es a posteriori de la percepción, esto quiere decir que no existe un conocimiento de lo real anterior al acto de percibir, por lo tanto, la forma que lo real adopte es circunstancial e indiferente para el resultado de la opción frente a ella. Cualquiera sea la forma que tenga el mundo exterior, nunca es totalmente agradable o desagradable, dentro de sus características siempre diversas, la mente se arregla para manejarse con lo disponible. La limitación de lo exterior no limita sus posibilidades interiores, pues se maneja con los elementos reales que dispone y sean éstos cuales fueren logra su objetivo, que es encontrar un ámbito favorable a su pleno funcionamiento.
Por ejemplo, un esquimal por su entorno hostil y arduo no está en desventaja con respecto a un polinesio, que posee un ambiente natural benigno y agradable, porque sus mentes en ambos casos emplearán los elementos disponibles en su búsqueda de un ambiente favorable, sin preguntarse si existe algo superior; su capacidad de adaptación lea hará buscar lo mejor entre lo que los rodea como única realidad posible. Los dos tienen iguales posibilidades de lograr un espacio vital que los satisfaga.
Son necesidades vitales aquellas que deben satisfacerse perentoriamente, porque de ello depende la existencia, seguridad y desarrollo pleno del ser. Por si no producen la felicidad, pero sin su satisfacción ésta no es posible. El ser humano necesita en forma insoslayable atender la alimentación, vida sexual satisfactoria, salud, vivienda y vestido. La alimentación es esencial para la existencia orgánica del ser, la salud y la vida sexual satisfactoria son para el desarrollo pleno del mismo y por último la vivienda y el vestido incorporados en los albores de su desarrollo cultural, también forman parte de la naturaleza humana y tienen la misma importancia que los anteriores citados.
Los sentidos son antenas que permiten a la mente percibir el mundo exterior. Percibir es recibir por los sentidos las impresiones de las cosas. El ser humano percibe la realidad en dos niveles: objetivo y subjetivo.
Objetivo es aquel que le revela el aspecto formal de lo exterior (forma, volumen, color, tamaño, etc.).
La percepción es objetiva cuando el testimonio relativo a la misma, de una mayoría suficiente de sujetos, es coincidente en lo esencial. Lo percibido objetivamente traza un panorama inteligible de lo real "en sí", o sea la suma de las características que pertenecen a las cosas, que están en ellas, que le son propias.
Sólo podemos percibir a través de los sentidos y más todavía, sólo a través de los sentidos y más todavía, sólo a través de nuestros sentidos, y esto nos lleva a dos conclusiones: no podemos saber si el reflejo de la realidad percibida es fidedigno o si tiene algún grado de distorsión; tampoco si lo que ven otros ojos es igual a lo que los nuestros ven. Por eso es que debemos considerar fidedigna la imagen que los sentidos nos ofrecen, porque no hay forma de contradecirla o afirmarla. Por ejemplo si percibimos con forma circular un objeto así creado por la naturaleza, lo habremos hecho objetivamente; y si en cambio lo vemos oval por distorsión de nuestros sentidos, también será objetiva, porque sólo tenemos acceso al testimonio de nuestros sentidos, no podemos percibir al margen de ellos, así que no tiene sentido preguntarse si su imagen es o no fiel.
Además como obviamente no podemos ver con otros ojos que no sean los nuestros, debemos atenernos, en cuanto a la percepción ajena, a los testimonios de él o los otros sujetos. Entonces podemos considerar percepción objetiva a aquella que sea descripta por una mayoría de testimonios coincidentes.
El testimonio es fundamental porque es la única forma de conocer las características de la percepción de los otros. Testimoniar es en este caso traducir a través de conceptos lo que uno percibe.
A falta de poder comparar las imágenes percibidas por distintos sujetos, pues son individuales e intransferibles, comparamos los conceptos que las describen para así saber si coinciden o difieren.
Así llegamos a una conclusión, igual a la correspondiente a la realidad natural y realidad percibida, o sea, no podemos hacer más que atenernos a la coincidencia de los testimonios, si ésta es real o distorsionada poco importa, porque es la única posible. Por ejemplo, supongamos que dos sujetos (A y B) observan una pared pintada de un color X, y se les pregunta qué color ven, el sujeto A ve un color al que el sujeto B llama amarillo y contesta "verde". ¿Cómo es posible? Pasa que al enseñarles en un comienzo a nombrar los colores se les enseñó conceptos, en este caso el verde.
Puede que el color que vieran cuando les dijeron "esto es verde", no fuera el mismo que viera el instructor, pero cada vez que vieran ese color X coincidirían invariablemente, "es verde", esta suposición ejemplifica hasta dónde es imposible comprobar la percepción ajena, fuera del testimonio del sujeto perceptor.
Percepción subjetiva es aquella que nos comunica el valor de la realidad. Valor es la impresión o impacto de lo exterior en el espíritu (sensibilidad, mente).
El valor no está en la realidad porque en cuanto a esto la realidad es neutra; éste es el fruto de la reacción experimentada por la sensibilidad al tomar contacto con el entorno.
Como vimos, el ser percibe la forma del mundo exterior objetivamente a nivel de los sentidos, luego este reflejo objetivo contacta con la sensibilidad, es entonces cuando ésta emite un juicio de valor sobre lo percibido, catalogándolo, según la reacción interna de la mente responde a sus estructuras, a sus características físicas y psíquicas particulares. Cada ser posee una mente única y diferente, esto establece el carácter absolutamente subjetivo de este nivel perceptivo. El ser percibe objetivamente la forma de la realidad y a ésta la elabora subjetivamente, asignándole un valor.

 

Continúa nota II

El Quinto Hombre  
 

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