ALTERACIONES DE LA MICROFAUNA PROVOCADOS POR OVNIS  
Vicente Angel Rotolo
Monografía presentada al final del Curso de Ovnilogía
   

MONOGRAFÍA:

En éste breve escrito pretendemos demostrar, con evidencias científicas que, los OVNIS, no solamente muestran su presencia física, sino también, dejan rastros de diversos tipos que perduran aún luego de su partida y, si dejan rastros, es porque existen…

 

ALTERACIONES DE LA MICROFAUNA PROVOCADOS POR OVNIS

Muchos investigadores se lo han planteado en numerosas ocasiones: si los OVNIS dejan marcas en el suelo, restos de radiactividad o deshidrataciones del terreno sobre el que han aterrizado; también pueden provocar alteraciones medioambientales.
Uno de los estudiosos que se lo planteó fue Yuri Simakov, zoólogo y biólogo ruso, actualmente profesor de la cátedra de Ictiología y Piscicultura del Instituto de Industria Alimenticia de Moscú.
Su investigación fue fascinante.
Simakov partió de la idea de que en todo tipo de suelos pueden verse formas de vida, como los rotíferos y los protozoos, que son muy estables, aunque por su reducido tamaño, invisibles a la vista. Es lo que se llama microfauna. Se planteó que si los OVNIS alteraban el entorno físico tras su aparición, dicha microfauna se desarrollaría de forma no análoga a como lo haría en un terreno no “afectado” por OVNI alguno. El planteamiento, cuanto menos, parecía sugerente…
“En 1990 tuve la ocasión de investigar el lugar de aterrizaje de un OVNI junto a una carretera que bordea Moscú –explica el investigador ruso-. En este caso los granos de arena y los guijarros estaban fragmentados. Nuestra misión era contar el número de protozoos que nacieron en las muestras con medios nutritivos y comprobar estos datos en el lugar del aterrizaje y también fuera de él. Descubrimos que todos los seres capaces de desplazarse abandonaron el lugar de contacto del OVNI con la tierra”.

En otra investigación de un aterrizaje ocurrido en 1978 en la localidad de Podrézkovo, Simakov acudió al lugar con un tubo de cristal de un metro de longitud y un centímetro de diámetro lleno de cultivo con clamidomónas (Chlamydomonas es un género de algas verdes unicelulares flageladas. Chlamydomonas se usa como organismo modelo en biología molecular, especialmente en estudios de movilidad flagelar, dinámica de los cloroplastos, biogénesis y genética). Quería averiguar qué ocurría con dichas formas de vida minúsculas si se aproxima con ellas al punto exacto en donde había aterrizado el OVNI. Si el artefacto que tomó tierra estaba dotado de algún tipo de energía, las clamidomónas lo percibirían modificando su comportamiento.
Esto fue lo que ocurrió:
“Cuando comencé el acercamiento del tubo a la zona de acción del OVNI vi que todo él se llenaba de franjas verdes de 5 mm de grosor. Estas franjas eran acumulaciones de clamidomónas. Cuanto más me aproximaba, mayor era la acumulación. Al acercar el tubo a 18 m del lugar del aterrizaje, las acumulaciones se hicieron mucho más intensas. Curiosamente, los testigos habían afirmado que no pudieron acercarse al OVNI a menos de 18 m, porque chocaban contra una especie de pared invisible.
Es cierto que en infinidad de casos de aterrizajes de OVNIS, los testigos cuentan cómo una misteriosa fuerza, una especie de barrera invisible, les impide aproximarse al artefacto. La lectura –especulativa, por supuesto- que podemos hacer para este tipo de episodios es que del OVNI emana algún tipo de emisión que genera a su alrededor una especie de “burbuja” que delimita, por así decirlo, el “espacio vital” del OVNI, o que, en todo caso, protege a la presunta nave de testigos atrevidos dispuestos a acercarse al OVNI lo más posible.
En el caso del artefacto aterrizado en Podrézkovo, cuando Simakov introdujo el tubo de ensayo en el interior de la supuesta “burbuja”, creada por el OVNI, descubrió que las clamidomónas volvían a dispersarse. Dicho de otro modo: dejaban de notar el “residuo energético” que había quedado impregnado en el lugar tras el encuentro cercano con el OVNI, como si de dicho residuo sólo hubiera quedado constancia justo a 18 m del lugar en donde se posó el misterioso artefacto, o como si los cultivos de clamidomónas se hubieran adaptado rápidamente a la nueva situación energética.
Simakov, buscando una explicación al porqué de dicho comportamiento en aquellas bacterias, comprobó que este tipo de adaptaciones y movimientos se producían artificialmente al situar las clamidomónas en el campo de acción de una luz intermitente del estilo de la que producen los tubos de un televisor.
Otros seres vivos más complejos utilizados en sus investigaciones dieron también un resultado similar, aunque el estudioso ruso tuvo que admitir su incapacidad para justificar por qué los captadores biológicos elaboran con tanta rapidez reflejos de adaptación a los campos energéticos asociados a huellas OVNI.
Las investigaciones rusas sobre OVNIS son aún muy desconocidas para el mundo occidental. Durante décadas, los países del Este de Europa se mantuvieron al margen de todo contacto con el exterior. Esto provocó, entre otras cosas, que el impacto social del misterio de los OVNI’s no fuera tan fuerte “allí” como “aquí”. Afortunadamente, el desprecio informativo que sufrieron en la antigua URSS este tipo de hechos permitió a los científicos estudiar el enigma despojados de prejuicios y con menor temor a que sus pesquisas sufrieran el estigma social que conlleva en Europa y América dedicarse a la Ufología.
Los estudios de Simakov son una fantástica prueba de cómo la tenacidad y la paciencia conducen –empleando el método científico- a resultados muy interesantes.

 

“MUTACIONES” PROVOCADAS POR NO IDENTIFICADOS

Simakov prosiguió estudiando la influencia en la microfauna de los encuentros con OVNIS después de plantearse lo siguiente: “Posteriormente, me asaltó el deseo de saber cómo actúa ese campo desconocido sobre el aparato hereditario, si produce mutaciones y en qué medida es nocivo”.
Su siguiente paso fue enterrar una probeta en la región de Novi Ierusalin, cercana a Moscú, en donde se había producido otro aterrizaje OVNI. En un recipiente que sepultó bajo el lugar del aterrizaje depositó una gota de leche, que con el paso del tiempo debería desarrollar numerosas bacterias lácteas que sirven de alimento a los paramecios. Como método de verificación enterró, a unos 150 m del lugar, cultivos de control con paramecios en otra probeta.
Mantuvo enterrados los tubos durante siete días, los suficientes para generar gran cantidad de descendencia entre las bacterias que surgen en los productos lácteos.
Tenía un claro objetivo: analizar cómo se desarrollan en uno y otro lugar.
“Transcurrido ese tiempo –explica Simakov en un estudio ofrecido en la publicación moscovita Aura Z-, los paramecios podían verse sin el microscopio junto a la superficie como un polvo blanco muy fino. ¡Estaban vivos!. Eran muchos más de los que se habían desarrollado en la probeta de control”.
En ambos recipientes se desarrollaron bacterias lácteas, pero en el lugar de aterrizaje del OVNI lo habían hecho generando mucha más descendencia, aproximadamente –calculó el científico- un 25 por ciento más.
Es decir: la energía que queda en el lugar del aterrizaje del OVNI provoca una aceleración en la reproducción de las bacterias.
Posteriores análisis determinaron que dichos organismos no sufrieron mutación propiamente dicha. El material genético de las bacterias se había mantenido intacto. Lo que ocurrió fue “simplemente” que sus procesos reproductores se habían acelerado considerablemente.
Otro caso en el cual el OVNI había dejado sus huellas abrió nuevos campos de investigación. Tras el aterrizaje de un OVNI en Podrézkovo surgió sobre la huella una combinación insólita de plantas que en condiciones normales no crecen juntas. Además, en el suelo, aparecieron tipos de rotíferos (seres multicelulares de vida muy corta) atípicos en aquella zona. Lo que hizo Simakov a continuación fue enterrar bajo la huella un cultivo de rotíferos del tipo philodina, especie que se compone únicamente de hembras que se reproducen por partenogénesis.
Los resultados no se hicieron esperar: “Mientras los rotíferos normales evolucionaban normalmente, las philodinas vivían una media de 10 días, lo cual, para estos seres, es muchísimo”.
Por tanto, cabe preguntarse: ¿Afecta el campo inducido por los OVNIS a la duración de la vida y al crecimiento?. Por lo visto, la respuesta parece ser positiva.
Indirectamente, las investigaciones del biólogo John Heller han venido a confirmar las conclusiones de Simakov. Este estudioso experimentó con células y diferentes tipos de partículas expuestas a campos electromagnéticos variables de 80 a 100 ciclos por segundo. Descubrió que las partículas asimétricas cambiaban de posición acoplándose a las líneas de fuerza, y que los cromosomas contenidos en el núcleo de la célula se alteran, deforman y son forzados a constituir nuevas agrupaciones, lo que podría propiciar mutaciones y otros cambios.
Así pues, las investigaciones de Simakov nos inducen a pensar que los OVNIS generan campos electromagnéticos, algo en lo que coinciden casi todos los estudiosos y científicos que con la mente abierta se han aproximado a la investigación de los OVNIS.
Estos hechos nos permiten hacer desde ya una aseveración lógica aunque arriesgada: si los OVNIS provocan efectos medibles y contrastables, es que efectivamente existen.
Así lo han demostrado numerosos científicos.

 

HUELLAS…CON MUCHA VIDA

Tras el aterrizaje de un OVNI el 3 de noviembre de 1976 en Centeno (Argentina) apareció una huella oval de 6 metros de longitud y 4 de anchura. En el lugar brotaron hongos rápidamente de una variedad desconocida por los lugareños y de entre 4 y 5 kilogramos de peso. Además, un hormiguero que existía allí reveló que estos insectos sufrieron una mutación al desarrollar alas y crecer –a raíz del aterrizaje, claro está- en una dimensión incomparable con otras hormigas del mismo campo que, teniendo la misma edad, aún no habían dejado su condición de larvas.
Este suceso, que en cierto modo confirma las investigaciones de Yuri Simakov respecto a la aceleración en el crecimiento de organismos vivos afectados por la proximidad de un OVNI, las contradice en el otro sentido: aquí sí había una mutación en las hormigas, consecuencia que también había descubierto el biólogo Heller al aplicar sobre organismos vivos campos electromagnéticos similares a los producidos por OVNIS. ¿A qué se debe esta diferencia?. Quizá sea mucho especular, pero hay que tener en consideración que las investigaciones rusas sólo experimentaron con organismos sencillos y no complejos como las hormigas, y por tanto es probable que los encuentros cercanos sí afecten al genoma de organismos complejos, o al menos más complejos que las bacterias.
En Correa, cerca de Rosario (Argentina), se produjo otro caso OVNI con huellas el 15 de octubre de 1976.La hierba sobre la que se posó el artefacto quedó chamuscada, y en su lugar surgieron grandes hongos, algunos de hasta 40 centímetros de diámetro.
El análisis químico de la tierra reveló que había adquirido un alto grado de humedad, en especial dentro de los “círculos” dejados por los OVNIS. Además, a una profundidad de unos pocos centímetros se hallaron signos de calcinación, como si allí hubiera estado un objeto incandescente o generador de un enorme calor. También en este caso las hormigas sufrieron el “efecto OVNI”, y abandonaron sus hormigueros en el lugar, a la par que plantas como el trébol y la gramínea dejaron de crecer en los bordes de las huellas dejadas por la supuesta nave.
Algunos de los hongos hallados en huellas de aterrizajes fueron analizados, pero tal y como señala el estudioso argentino Roberto E. Banchs, “se trata de especies conocidas pero que presentaban un desarrollo desacostumbrado o anormal”. No se deben en estos casos, como muchos supondrán, a una confusión con las típicas huellas que aparecen en los lugares de nacimiento de hongos. En estos episodios, y en otros muchos que por falta de espacio no puedo citar, hay una relación entre el aterrizaje de un OVNI justo en el lugar donde aparecieron las huellas y en el que posteriormente se dieron las citadas alteraciones.
Todo parece indicar que los OVNIS producen una modificación en el suelo que favorecería las dos condiciones básicas del crecimiento de los hongos: humedad y materia orgánica.

 

OBJETO PERMANENTE DE ESTUDIO

A menudo, el fenómeno Ovni deja pocas oportunidades para una investigación de carácter científico. Las huellas, en cambio, sí lo permiten. Se trata de objetos de posible estudio temporal o permanente. Sin embargo, los investigadores se topan a menudo con una dificultad: la falta de colaboración científica y apoyo institucional para sufragar los gastos –y acceder a los laboratorios necesarios- que conlleva un análisis de este tipo.
A pesar de ello, sabemos que las huellas son algo más que hendiduras u calcinaciones gracias a las cuales podemos conocer, por ejemplo, el peso del artefacto que se ha posado o la temperatura que desprendía. Además, las investigaciones nos han demostrado que la poderosa energía que emanan estos objetos es capaz de alterar organismos vivos. Esto nos hace suponer que la tecnología que ha generado y provocado esas huellas emana algún tipo de energía de gran potencia. Michel Bounias, uno de los investigadores del caso Trans –en- Provence (el caso mejor estudiado), afirmó: “Para poder mover aquel objeto y crear aquellas alteraciones, quizá hubiera hecho falta la fuerza que genera una central nuclear”
Por si fuera poco, el fenómeno de huellas OVNI está en permanente crecimiento. Una estadística elaborada por el ufólogo Ted Phillips demuestra que hasta 1950 su número era casi nulo. Durante la década de los cincuenta, a medida que se producen los primeros aterrizajes y posteriormente los encuentros con humanoides (hablando en términos generales), la media de casos con huellas por año fue de 40. La cifra, durante la siguiente década, se elevó a 43. Y a partir del año ’70, siguió creciendo de forma considerable: 66 casos al año…
O dicho de otra forma: cada cinco días, en alguna parte del planeta, un OVNI aterriza dejando sus huellas.
Los científicos que han entendido que tal abrumadora evidencia es un reto quedaron fascinados al investigar las huellas de los No Identificados. Ahora sólo queda que la ciencia en conjunto, sin ideas preconcebidas, se lance al estudio multidisciplinar de este apasionante enigma.
Así pues, o dejamos entrecomillados los epítetos superlativos para definir estos objetos, o bien debemos plantearnos que, aunque las huellas sean derivadas de una tecnología quizá ajena a nuestro planeta, también tienen un componente intencional, como esa elusiva inteligencia fuera dejando pequeñas muestras de su propia existencia…
La “invasión OVNI” es silenciosa y esquiva, pero no –en absoluto- agresiva. Se trata de una “invasión” cuyo objetivo parece ser quebrar las conciencias e invitarnos a pensar que ni conocemos todo, ni sabemos si estamos solos en el Universo. No sabemos si los OVNIS son extraterrestres, o, si sus tripulantes pertenecen a una esfera de vida inteligente que ni siquiera imaginamos, pero la posibilidad de que así sea exige continuar con las investigaciones.
En eso estamos.

BIBLIOGRAFÍA
La Incógnita del Espacio, enciclopedia.
Elementos de Ovnilogía, Lic. Milton Huorcade
Ufología, Esteban Peretz,
El Misterio OVNI, Bruno Cardeñosa
Revista “Cuarta Dimensión”
Mutual UFO Network (MUFON)

AUTOR
Vicente Angel Rotolo
DNI: 10.128.729
            

 


 

 
 

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